No te desalienten tus pecados.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

El pecado, los errores y más los fracasos desaniman y apartan del camino de servir a Dios Nuestro Señor, y muchas veces no por falta de amor de Dios, cuanto por ser evidente la incompetencia, falta de aptitudes de uno mismo para la santidad de vida; a la vista de las evidencias [pecado, tras pecado, y más pecados] la pobre alma se aparta llena de confusión, verguenza, tristeza y enojo.

Hermano pecador, es cierto que hay una inclinación muy fuerte al pecado, pero olvidamos algunos puntos importantes, dignos de meditar y comentar: 

1º La santidad de vida.- La fuente y raíz de la santidad del alma no está en la persona, no es consecuencia obligatoria de las devociones, practicas de piedad, actos de religión. 

1.1. Haciendo un paréntesis,  puede un alma rezar mucho por aparentar ser bueno sin recta intención y sin el menor deseo de agradar a Dios Nuestro Señor; puede alguien hacer mucha limosna o ayunar para ser visto de los hombres; ahí no hay vida santa, ni recta y pura intención; amados hermanos, no es la obra por la obra, es el espíritu que anima la obra.

1.2. La raíz y fuente de la santidad del alma está en la amistad con Dios Nuestro Señor, luego entonces hermano pecador que has pecado mucho, no te vas a hacer santo a ti mismo, simple y sencillamente porque en tí no esta la fuente de la santidad y mucho menos en tus obras.


2º Deja que Dios obre en tu vida.- Una parte muy importante de la santidad, de la humildad y de la grandeza de un alma, está en el convencimiento y conocimiento de la verdad sobre la miseria y poquedad de uno mismo. 

2.2. Es evidente la incapacidad del pecador para vivir sin pecar, bueno ahora, deja que Dios obre en tí, dile que no puedes, que eres miserable, y sin embargo le amas, un poco confuso pero real. Invocalo desde el fondo de tu miseria y veras como la gracia de Dios obra en un corazón contrito y humillado, como Dios obra y el pecador simplemente admira las grandezas de Dios en su vida, pero se espanta de la miseria de el mismo.


3º Dios te ama.- Aunque hayas cometido los pecados más feos del mundo, aunque seas el mismo Judas, Dios ama al pecador [no el pecado], y quiere la muerte del pecado, pero la vida del pecador. 

3.1. Ejemplo muy santo.- “Cuenta el P. Señeri en su libro de El Cristiano instruido, que una vez en Roma fue a confesarse con el P. Nicolás Zucchi un joven encenegado en los vicios de la deshonestidad. 

Le oyó el confesor caritativamente, y compadecido de su miseria, le dijo que la devoción a María Santísima era eficaz para sacarle de su mal estado, imponiéndole por penitencia, hasta otra confesión, rezar al acostarse y levantarse un Ave María, ofreciendo a Nuestra Señora ojos, manos y todo el cuerpo, rogándole que le guardase como a cosa suya, y besando tres veces la tierra. 

Cumplió el joven la penitencia, al principio con poca enmienda; pero el Padre le exhortaba a proseguirla constantemente, animándole siempre a confiar en el amparo de María Santísima.

Fue el penitente a correr tierras en compañía de algunos amigos, y vuelto a Roma, buscó al confesor, el cual, con extraordinario gozo y maravilla, halló su alma enteramente trocada y libre de los vicios. El joven le aseguró que la Reina de los Ángeles, por aquella corta devoción practicada por su consejo, le había obtenido del Señor tan grande merced. No pararon aquí sus misericordias, porque contando el Padre desde el púlpito  aquel favor, un capitán del auditorio, que ya de muchos años tenía trato ilícito con una mujer, propuso firmemente empezar la misma devoción, con deseo de romper las cadenas de la esclavitud (deseo necesario en todo pecador para lograr el auxilio de la Virgen), y al fin salió victorioso y mudó de vida. Al cabo de seis meses, fiándose ya en sus propias fuerzas, quiso ir un día a verse con aquella mujer, por la curiosidad de saber si también ella se había enmendado; pero al llegar a la puerta con tan manifiesto peligro de volver a caer, se sintió tan repelido hacia atrás por una fuerza invisible, y se vió tan lejos de allí cuan larga era la calle, que fue delante de su propia casa, conociendo entonces ciertamente que la Virgen Santísima le había librado del precipicio.

Aquí se descubre el cuidado especial que tiene esta Santísima Señora no sólo de sacarnos del pecado si la invocamos con este buen deseo, sino también del peligro de recaídas.” San Alfonso María de Ligorio, Glorias de María, parte II, Discurso IV. 

Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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