No te desalientes alma cristiana.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Toda alma cristiana debe atravesar por su calvario en distintas etapas de su vida por este valle de lágrimas, entre culpa y cuestiones accidentales o de su entorno, el alma va siendo sometida a diversas pruebas que purifican su alma en el crisol de la vida ordinaria. 

Las almas ante la adversidad se entristecen, abaten y desalientan, al considerar que aquellas contradicciones son elementos para creer que Dios le ha abandonado, o que es muy mala. 


Consideraciones


En cualquier estado de vida, condición social, el alma será probada para purificar sus sentidos, para aumentar su fe y confianza en Dios Nuestro Señor, para conocer su propia flaqueza humana, y fundarse así en la santa virtud de la humildad y la confianza en Nuestro Señor. 

“Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta” San Ignacio de Loyola.


¿Cómo ser humilde sin ser humillado? La virtud de la humildad, es una virtud moral que se alcanza con la práctica, es decir con la humillación. El edificio de la vida espiritual, el fundamento de la vida del católico se funda en la santa virtud de la humildad, para lo cual cada alma será humillada en vías a su crecimiento, a su formación y unión con Nuestro Divino Redentor. 


Cuando cometas un error, recuerda que tienes un Padre amoroso que te ama, que te espera para perdonarte y para alimentarte con su gracia y su amistad. 

“El amor de Dios mueve á la oración, y la oración hace crecer el amor de Dios; porque el amor procura tratar con quien ama, y el trato hace crecer la afición.” Padre Francisco García, "Vida y milagros de S. Francisco Javier", año 1908, página 413.


4º En todo momento de nuestra vida, en cada paso del crecimiento espiritual, siempre es santamente recomendado el piadoso rezo del Santo Rosario, a la Bienaventurada Siempre Virgen María.

"El Beato Alano de la Roche, el P. Juan Dumont, el P. Thomas, las crónicas de Santo Domingo y otros autores, que fueron de ello testigos oculares, refieren un gran número de conversiones milagrosas de pecadores y pecadoras, que después de veinte, treinta o cuarenta años en el mayor desorden, nada había podido convertirlos, y se convirtieron, no obstante, por esta maravillosa devoción [el Santo Rosario]" San Luis María G. De Montfort, El Secreto del Santo Rosario, rosa XL. 




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Etiquetado:  Alimento para el alma.

Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.