No te desanimen la multitud de tus pecados.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


La naturaleza humana, inclinada fuertemente al pecado, debido a la herida mortal heredada del pecado original, hace estragos en el hombre; sumado a ello, el mundo corrupto y corruptor en que se vive, la deficiente educación católica y la falta de formación religiosa, hace difícil el camino de la santidad. 

El pecador que quiere ser bueno, el que tiene deseos de vivir sin ofender a Dios Nuestro Señor, se desanima y entristece ante la impotencia o incapacidad para vencer la tentación en su vida, y ésto, lo conduce al abandono de las prácticas de piedad cristianas, en ocasiones al abandono. 

No te desanimen la multitud de tus pecados, debes perseverar en el Santo Rosario, aunque seas el mismo Judas; todo aquél que con recta y pura intención se consagre a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María [Madre, Refugio, Consuelo, Abogada de los pecadores], no morirá en desgracia o en pecado mortal; es fundamental, perseverar, no desanimarse y hacer lo que está de tu parte. 

Si comete cien pecado de impureza o de cualquier especie teológica, si está luchando, tratando de resistir, aunque cayendo en el pecado, debe perseverar, sobre todo en el rezo devoto y piadoso del Santo Rosario, tarde que temprano, llegará a la santidad, no por mérito propio, sino por el poder de intercesión que tiene la Santísima Virgen María. 

"A Santa Catalina de Sena le fué revelada la verdad que vamos aquí probando. Díjole el Señor: Por mi bondad y reverencia al misterio de la Encarnación, he concedido a María, Madre de mi Unigénito Hijo, la prerrogativa de que ningún pecador, por grande que sea, que se le encomiende devotamente, llegue a ser presa del fuego del infierno." San Alfonso María de Ligorio, "Las Glorias de María", capítulo VIII, 1º. 

Un error muy común, es creer que el pecador se va a cambiar a él mismo, dice el principio filosófico: "nadie da lo que no tiene", un pecador no puede producir en él mismo la santidad que no tiene, quien lo va a cambiar y tiene el poder y el querer es Dios Nuestro Señor y la Santísima Virgen María, Medianera de todas las gracias.

El pecador no se va a cambiar a él mismo, es Dios quien va obrar en él, lo que debe hacer es perseverar en humildad y recta intención en implorar el auxilio divino mediante el rezo diario del Santo Rosario. 

Pecador, persevera en el Santo Rosario, la solución a su pecado, independientemente cual sea, el número de caídas cada día, la fuerza de la tentación y los escándalos, puede salir de ese pecado, si con humildad se encomienda y consagra a la Santísima Virgen María, rezando cada día el Santo Rosario.


“Cuenta el P. Señeri en su libro de El Cristiano instruido, que una vez en Roma fue a confesarse con el P. Nicolás Zucchi un joven encenagado en los vicios de la deshonestidad. 

Le oyó el confesor caritativamente, y compadecido de su miseria, le dijo que la devoción a María Santísima era eficaz para sacarle de su mal estado, imponiéndole por penitencia, hasta otra confesión, REZAR AL ACOSTARSE Y LEVANTARSE UN AVE MARÍA, OFRECIENDO A NUESTRA SEÑORA OJOS, MANOS Y TODO EL CUERPO, ROGÁNDOLE QUE LE GUARDASE COMO A COSA SUYA, Y BESANDO TRES VECES LA TIERRA. Cumplió el joven la penitencia, al principio con poca enmienda; pero el Padre le exhortaba a proseguirla constantemente, animándole siempre a confiar en el amparo de María Santísima.

Fue el penitente a correr tierras en compañía de algunos amigos, y vuelto a Roma, buscó al confesor, el cual, con extraordinario gozo y maravilla, halló su alma enteramente trocada y libre de los vicios. El joven le aseguró que la Reina de los Ángeles, por aquella corta devoción practicada por su consejo, le había obtenido del Señor tan grande merced. No pararon aquí sus misericordias, porque contando el Padre desde el púlpito  aquel favor, un capitán del auditorio, que ya de muchos años tenía trato ilícito con una mujer, propuso firmemente empezar la misma devoción, con deseo de romper las cadenas de la esclavitud (deseo necesario en todo pecador para lograr el auxilio de la Virgen), y al fin salió victorioso y mudó de vida. Al cabo de seis meses, fiándose ya en sus propias fuerzas, quiso ir un día a verse con aquella mujer, por la curiosidad de saber si también ella se había enmendado; pero al llegar a la puerta con tan manifiesto peligro de volver a caer, se sintió tan repelido hacia atrás por una fuerza invisible, y se vió tan lejos de allí cuan larga era la calle, que fue delante de su propia casa, conociendo entonces ciertamente que la Virgen Santísima le había librado del precipicio.

Aquí se descubre el cuidado especial que tiene esta Santísima Señora no sólo de sacarnos del pecado si la invocamos con este buen deseo, sino también del peligro de recaídas.” San Alfonso María de Ligorio, Las Glorias de María, parte II, Discurso IV.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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