Ocúpese de Usted.


31 Jul
31Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Queridos hermanos, el católico debe aprender a ser un soldado combatiente por el reino de Dios en su alma, por mantener la gracia de Dios en un combate ininterrumpido contra tres enemigos que hacen alianza por nuestra condenación eterna: mundo, demonio, carne. “Ningún otro deseo tiene el demonio, ningún otro negocio, ningún otro empeño que perder nuestra alma”  San Bernardo. 

Un católico que no quiere combatir por el reino de los cielos, esta condenado a morir eternamente, no ha entendido el sentido cristiano de la vida, la cuál es sólo un momento o etapa en la cuál se determina la eternidad en el juicio al momento de morir: eternamente feliz en el cielo o eternamente condenado en el infierno.

El mundo, el demonio y la carne son enemigos irreconciliables, no hay punto de acuerdo, siempre hacen uso de la mentira y el engaño para apartar al hombre de Dios, encadenarlo al pecado y perder su alma. 

“Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios.” Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 274.

El hombre que por el uso de su libertad, razón y voluntad decide vivir al margen de la fe católica, no despreciar la fe pero tampoco le preocupa ni ocupa, se encuentra en camino de condenación eterna porque la razón de la vida del hombre no es determinada por él, sino por el autor de la vida.

“El cristiano está sometido a los ataques y persecuciones de Satanás. Tiene, pues, que contar no sólo con el mal que se deriva de la libertad del hombre y con la inclinación al mal derivada del pecado del individuo y de todo el género humano, sino también con un ser personal malo, que quiere y busca el mal por amor al mal.” Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 286.


Consideraciones


1º Sea Usted responsable de su vida.

Es un absurdo el culpar a los demás de sus errores, porque el hombre ha sido creado directamente por Dios Nuestro Señor con libertad, inteligencia y voluntad; en las tribulaciones, adversidades la Divina Providencia a todos envía las gracias necesarias para sacar beneficio para su salvación eterna: “Los que aman a Dios, todas las cosas les contribuyen al bien”  San Pablo a los Romanos VIII, 27. 

Por esta razón los artificios del mundo, demonio y carne son una oportunidad permitida por Dios para santificación del hombre que ame a Dios: “En definitiva, el diablo mismo tiene que servir de instrumento de salvación al que vive en la fe de Cristo”.  Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 287.

Sea Usted responsable de sus aciertos y desaciertos, de su estado de pecado mortal, de su tibieza espiritual o lánguida virtud; destierre de su sistema intelectual el culpar su niñez, su temperamento, hechos pasados deshonrosos, pobreza, falta de salud, corrupción de hombre de iglesia, perversidad de la sociedad anticristiana. Aquí se demuestra el espíritu de cada hombre, se criba o separa el bueno del mal espíritu; El que quiera ser santo aunque este entre demonios lo alcanzará: No es el lugar lo que santifica a la persona, sino la persona quien santifica el lugar, Lot se santificó en Sodoma donde todo lo tenía en contra, y Adán pecó en el Paraíso donde gozaba de la presencia de Dios.


2º Póngase a trabajar.

Lo que requiere el hombre es trabajar con inteligencia, con toda su voluntad, unido a la gracia de Dios Nuestro Señor; si es el pecador más grande del mundo, puede alcanzar la salvación eterna si pone toda su voluntad unida a la gracia de Dios.

El mediocre culpa al mundo entero, a su falta de carácter, en fin: el mediocre es lo que es, un hombre ordinario que esta sujeto a sus pasiones, a la influencia del mundo, demonio y carne, que justifica su tibieza en argumentos inválidos. 

"Una voluntad a medias, al igual que una oveja sabrosa, basta para contagiar todo un rebaño. Si entre vosotros hubiera ya alguna de éstas que se hayan introducido en vuestro redil por la falsa puerta del mundo, echadla fuera en nombre de Jesucristo crucificado, considerándola como lobo entre ovejas." San Luis María G. de Montfort, Prácticas de la perfección cristiana, 15.


3º Asuma responsabilidades.

La salvación o condenación eterna depende de Usted, como vive hoy seguramente morirá si se repite el mismo estilo de vida y costumbres: ¿Vive en gracia de Dios o en pecado mortal?, ¿Reza el santo Rosario atenta y devotamente?

Si el hombre dice: ‘A ver que pasa… Dios es muy bueno y me he de salvar… con que alcance el purgatorio…’ dejando todo al acaso, sin poner todo lo que está de su parte, equivale a un demonio en potencia.

Le aconsejo empezar por aceptar sus errores, trabajar y construir a partir de ¡ya! Su salvación eterna con un arrepentimiento sincero, apartarse del pecado y rezar cada día, hasta el postrer instante de su vida el Santo Rosario de la Santísima Virgen María, luche y trabaje por su salvación eterna, es la mejor inversión de su vida, es el motivo de su existencia: amar y servir a Dios como el quiere ser amado en esta vida, para ver y gozar de Él eternamente en el cielo.

"Una persona verdaderamente devota de la Virgen no es inconstante, melancólica, escrupulosa ni tímida. Y no quiere esto decir que no caiga ni experimente algún cambio en lo sensible de su devoción; sino que, si cae, se vuelve a levantar tendiendo la mano a su bondadosa Madre, y, si carece de gusto y de devoción sensible, no se desazona por ello; porque el justo y el devoto fiel de María vive de la fe de Jesús y de María y no de los sentimientos del cuerpo." San Luis María G. de Montfort, La verdadera devoción a María, No. 109.

Lea, medite el libro de San Luis María G. de Montfort: ‘La verdadera devoción’, para que Usted la adquiera en su vida y costumbres, alcanzando por este medio su salvación eterna en donde le toque vivir, en las condiciones más adversas y dificultosas que determine la Divina Providencia. 

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados."  San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.






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