Ocuparnos de nuestra salvación eterna.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Queridos hermanos, el objetivo principal de nuestra vida en el presente mundo es la salvación eterna de nuestra alma: Alma salvada, todo está salvado, alma perdida, todo está perdido.

Es evidente que vivimos en una sociedad donde no se respeta los mandamientos, Constituciones anticristianas, educación oficial contra la Doctrina de Dios; en consecuencia, un entorno sin Dios.

El católico no debe enumerar todos los problemas o adversidades que tiene para ser bueno y santo; no justificarse en la perversidad de las personas, realmente no tiene ningún sentido porque no hemos de dar cuenta de ellos. Debemos ocuparnos de nuestra salvación eterna mediante el fiel cumplimiento de los santos mandamientos de Dios.


Consideraciones


1º El católico vive contra corriente, al grado de ser muy extraño encontrar un alma realmente católica, que viva o trate de vivir en cuanto a la humana naturaleza el Evangelio de nuestro Divino Redentor. 


2º No asfixiarse, desanimarse o apartarse del camino de Dios ante la multitud de ejemplos malos por doquier, ante la falta de hombres santos en la misma Iglesia, ante la gran confusión universal. 


3º Usted no se pierda en el universo de las ideas, errores y sentimientos que prevalecen en el mundo actual. Usted ocúpese de cumplir los mandamientos, de sostener la fe verdadera, y aprenda a vivir en las presentes condiciones.


4º En la presente sociedad prevalece el interés, la conveniencia, la utilidad, por lo cual las amistades y los grupos humanos son útiles en cuanto ayuden a la salvación eterna de nuestra alma, dañinos o indiferentes en cuanto sean un estorbo o en nada ayuden a nuestro fin. En consecuencia, no se apegue a las personas ni a las Instituciones humanas, que son sujetas a cambios propios de la naturaleza humana.


5º Conocer la Doctrina Católica, cumplir los santos mandamientos, y con los pies en la realidad, definir: ¿Qué es lo que yo quiero?, ¿Cuál es mi objetivo?, vivir y trabajar por eso con empeño, dedicación, inteligencia y voluntad.


6º Asegurar nuestra salvación eterna con el rezo del Santo Rosario cada día, lo cual es un medio de salvación eterna. 

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





Etiquetado:  Alimento para el alma

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