Para seguir a Cristo requiere determinación.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Queridos hermanos, para seguir a Nuestro Señor Jesucristo lo primero que se requiere es difinición, determinación, una voluntad convencida.

Seguir a Nuestro Divino Redentor en cualquier estado de vida, ocupación, condición, inclinaciones y debilidades es renunciar a uno mismo, enfrentar en carne propia al mundo, demonio y carne. 

Consideraciones

1º La vida espiritual no es un romanticismo piadoso, mucho menos una fruición de sentimientos, en los cuales experimente una paz inalterable, una armonía sobrenatural entre su cuerpo y su espíritu, mucho menos la admiración y veneración del pueblo.

La vida entregada a Dios Nuestro Señor requiere voluntad para mantenerse en el cumplimiento de los mandatos divinos de acuerdo a su estado y condición, muy al margen de los estados anímicos que experimente la persona; de las adversidades, peligros, errores y contradicciones que enfrenta cada día. 

"Una voluntad a medias, al igual que una oveja sarnosa, basta para contagiar todo un rebaño. Si entre vosotros hubiera ya alguna de ésas que se haya introducido en vuestro redil por la falsa puerta del mundo, echadla fuera en nombre de Jesucristo crucificado, considerándola como lobo entre ovejas." San Luis María G. de Montfort, 'Prácticas de la perfección cristiana', No. 15.


2º La vida espiritual, sobre todo la vida consagrada es un renunciamiento permanente a la voluntad propia, por la de Dios Nuestro Señor, expresada en los mandatos eclesiásticos. 

Por lo cual requiere inteligencia fundada en la fe verdadera para seguir a Cristo, con la doctrina inmutable de la Santa Madre Iglesia Católica, jamás se puede fundar en ocurrencias, en sentimientos, corazonadas o imaginaciones del momento.


3º La vanidad y el orgullo en la vida espiritual. No querer hacer la religión, la vida espiritual y la piedad a mi estilo, a mi gusto, pues eso conlleva soberbia con cierto barniz de piedad, ha de desembocar en una babel donde cada uno se busque a sí mismo, con gravísimo daño para la salud del alma. 

Se debe obedecer y seguir sin cuestionar la doctrina inmutable de la Santa Madre Iglesia Católica, que es la de Nuestro Señor Jesucristo, desterrando: el libre examen, la libre interpretación que es una verdadera peste de los espíritus petulantes. 


Amados hermanos, consagrarse a Dios Nuestro Señor y a la Santísima Virgen María, no es ser tonto ni falto de inteligencia, ni servil a los hombres, y mucho menos buscar en todo agradar a las personas. 

Consagrarse a Dios Nuestro Señor es renunciar a uno mismo para buscar la mayor honra y gloria de Dios mediante el cumplimientos de sus sagrados mandatos, en el único culto de adoración prescrito por la Santa Iglesia a perpetuidad; es la inmolación con inteligencia, voluntad y libertad en la vocación recibida de Dios aprobada por la autoridad eclesiástica.


Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


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