Pecador, no te desanimes, acude sin miedo ni tardanza a la Virgen María.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 

El pecado repetido en un alma de recta intención, provoca tristeza, desesperación, desaliento, coraje, impotencia y sobre todo, suele quitar la esperanza de la salvación eterna. 

Alma cristiana que has pecado, por más grandes, espantosos y abominables que sean tus pecados, mayor es el poder de la Santísima Virgen María para alcanzar misericordia; no duda Santo Tomás de Aquino, tan sobrio en sus comentarios, en llamar a Nuestra Señora: 'La omnipotencia suplicante' porque todo lo puede en razón de la súplica. 

No invada tu corazón el desaliento [tristeza, desconsuelo], recuerda que la Santísima Virgen María,  es Madre, Consuelo, Refugio de los pecadores; gran parte de los bienaventurados que gozan de la patria celestial, alcanzaron la salvación eterna por el poder sin igual, que tiene la Bienaventurada Virgen María.

  • "Cuanto más sea la miseria, menos los méritos y mayores las llagas del alma, que son los pecados, más motivo parece que tiene cualquier pecador para decirle: Señora, pues que sois la salud de los enfermos, y yo el más enfermo de todos, tengo más necesidad que nadie de que me admitas y me sanéis." San Alfonso María de Ligorio, Las Glorias de María, Capítulo IV.

  • "¿Estáis en la miseria del pecado? Invocad a la divina María y decidle: Ave, que quiere decir: os saludo con profundo respeto, ¡oh Señora!, que sois sin pecado, sin desgracia. Ella os librará del mal de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Santo Rosario, Rosa XX.

  • "Añadamos que Ella ve y conoce mucho mejor que nadie lo que nos concierne; los auxilios de que necesitamos en la vida presente, los peligros públicos o privados que nos amenazan, las dificultades y los males con que nos encontramos y la viva lucha que sostenemos por la salvación de nuestra alma contra enemigos encarnizados; y todo esto y en las demás pruebas de la vida, mejor que nadie puede y desea llevar a sus hijos queridos el consuelo, la fuerza, los auxilios de todo género. Por esto acudamos a María sin miedo, sin flojedad, suplicándole con fervor ardentísimo, por los lazos maternales que le unen tan estrechamente a Jesús y a nosotros; invoquemos con piedad su asistencia por medio de la oración que Ella misma ha designado, y que le es tan grata, para poder descansar con seguridad y alegría en la protección de tan santa Madre." Papa León XIII, Encíclica: Magnae Dei Matris, 8 de septiembre de 1892.


Hermano pecador, debes sacudir [quitar] la somnolencia y esforzarte antes que otra cosa, en invocar con fe y devoción a la Santísima Virgen María; siendo el más grande pecador, no importa, despierta, sacude de tu alma y de tu cuerpo el estado de apocamiento, de mediocridad; destierra terminantemente la idea de que es imposible la salvación eterna por tus pecados. 

En éste momento invoca a la Madre de Dios y toma la firme e inamovible resolución de rezar todos los días  tres Avemarías al despertar y antes de dormir en honor de la Madre de Dios; con firme determinación conminarte, forzarte [cueste lo que cueste] a rezar todos los días el Santo Rosario, y ten la plena, total, firme seguridad de salvación eterna, si perseveras en  el Santo Rosario todos los días de tu vida. 

Poco a poco abandonaras el pecado, cobraras gusto por las cosas de Dios. Ahora, pon tu parte, firme y concreta resolución de rezar el Santo Rosario, sin escatimar esfuerzos, porque en ello va tu salvación eterna.

Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 



Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.