Pecador, puedes dejar el pecado, sin tanto esfuerzo.


Ave María Purísima, ins pecado original concebida.


¿Porque no hay santos? Por falta de fe, por confiar únicamente en uno, en sus propios medios, en la industria humana; al ver los resultados negativos, el alma se desalienta, se entristece, se enoja y abandona la obra de santidad. 

El origen, resulta de que el hombre llega a creer que él, con su esfuerzo personal, con su dedicación, puede salvarse o al menos corregirse; y éste precisamente es un grave impedimento para la fe, para la obra de Dios... hay mucho mundo, mucho "yo", impide el gran milagro de la gracia. 

Muchas veces, Dios Nuestro Señor, permite que el alma cometa graves y vergonzosos errores, pecados escandalosos; porque es el medio ordinario para el conocimiento de uno mismo y la gran necesidad que tenemos de Dios. 

Escribe San Agustín, "suele castigar Dios la secreta soberbia con manifiesta lujuria", porque la lujuria es de suyo, un pecado vergonzoso, y el soberbio cree y está convencido que todo lo puede con su esfuerzo, y por ello, suele ser castigo de Dios las caídas en pecados vergonzosos. 

Alma cristiana, debes esforzarte y luchar, trabajar, dedicarte, pero teniendo presente la sentencia de San Agustín: "Haz todo como si dependiera de tí, pero esperalo todo, como si sólo dependiera de Dios", y así es en verdad, puesto todo lo bueno, son las gracias que recibimos de Dios, pues de nosotros nada somos, y menos que nada, pues somos pecado. 

Alma cristiana, cualquier pecado que hayas cometido, la afición o vicio a un pecado vergonzoso, CREERLO FIRMEMENTE: DIOS TE LO PUEDE QUITAR EN UN MOMENTO, ¿Como dice el Credo? "Creo en Dios Padre todopoderoso", entonces, todo lo puede. Ocupa tener fe y pedirlo, con fe, convencido de las palabras divinas de Nuestro Señor Jesucristo, y el impedimento principal, es creer que tu puedes, que tu sabes como hacerle, que no ocupas tanto de Dios. 

Hay otro elemento, muchas veces, se ha pedido un milagro, por ejemplo: quitar el pecado de lujuria o pereza, y no se ha quitado; pero se ha pedido con muchísima fe ¿porque? En muchos casos los pecados, son medio, para adquirir la virtud contraria y sobre todo, para hacer cimientos muy fuertes en la humildad, es decir: convencerse que no puede, que es miseria y pecado, al ver Dios, señales de amor propio y soberbia y, "yo puedo", dejarlo un poco más, hasta que se convenza de su miseria, más no, -jamás- un espíritu pusilánime, mediocre, no: Viriliter ager, pelea varonilmente, sed hombres, luchar en el campo de tu alma, no para desalentar, sino para esperar todo de la mano de Dios y cimentar el gran edificio de la humildad. 

Así que debe tomar una resolución práctica: NO DESISTIR JAMÁS, PELEAR CON TODAS SUS FUERZAS, ESPERANDO TODO DE LA MANO DE DIOS. 

La mejor forma de pelear, grata a Dios, es con el Santísimo Rosario, claramente el Papa, de feliz memoria, León XIII, escribió: "Repetimos, afirmamos y proclamamos que tenemos cifradas nuestras mejores esperanzas en merecer por el rezo del Rosario los auxilios que necesitamos". Encíclica: Jucunda Semper. 

Transcribo un ejemplo, admirable y muy santo, para más y más movernos a la devoción a Nuestra Señora, la Virgen María, que tiene un poder tan grande, que Santo Tomás de Aquino, le llama: "Omnipotencia suplicante."

“Un señor que tenía muchos hijos, accediendo a la vocación religiosa de una de las hijas, la ingresó en un monasterio que se encontraba a la sazón completamente relajado, pues las religiosas sólo respiraban vanidad y frivolidad. El confesor, hombre fervoroso y devoto del santo Rosario, deseando dirigir a esta joven religiosa a la práctica de vida más perfecta, le ordenó rezar todos los días el Rosario en honor de la Santísima Virgen, meditando la vida, pasión y gloria de Jesucristo.

Le agradó a ella mucho esta devoción, y poco a poco fue aborreciendo la relajación de sus hermanas, y empezaron a gustarle el silencio y la oración, a pesar del desprecio y burlas de otras religiosas, que interpretaban su fervor como gazmoñería.

Habiendo ido por aquellos días a visitar el monasterio un santo abad, tuvo una extraña visión mientras oraba; le pareció ver una religiosa en oración en su celda ante una Señora de admirable hermosura, acompañada de un coro de ángeles, los cuales, con flechas encendidas, arrojaban multitud de demonios que pretendían entrar; y estos espíritus malignos huían a las celdas de las demás religiosas, en figura de sucios animales, para excitarlas al pecado en que muchas de ellas consentían.

Conoció el abad por esta visión el mal espíritu de este monasterio y creyó morir de pena; llamó a la joven religiosa y la exhortó a la perseverancia. Reflexionando sobre la excelencia del santo Rosario, resolvió reformar estas religiosas con tal devoción; adquirió para ello hermosos rosarios, que regaló a todas las religiosas, persuadiéndolas que lo rezasen todos los días y prometiendoles, si así lo hacían, no violentarlas para que se reformasen.

Recibieron complacidas los rosarios y prometieron rezarlo con esa condición. ¡Cosa admirable!: poco a poco dejaron sus vanidades, se dieron al recogimiento y al silencio y en menos de un año pidieron ellas mismas la reforma.

El Rosario pudo en sus corazones más de lo que hubiera conseguido el abad con sus exhortaciones y autoridad.”

Obras de San Luis María G. de Montfort, BAC, 1953, página 368. 


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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