Peligro de creerse santo y querer dirigir la Iglesia.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Queridos hermanos, con alegría les quiero prevenir de de algunos peligros que suele el mundo, el demonio y la carne proponernos para grave daño de nuestra salvación eterna. 


1º Creer que somos santos. 

Existen católicos admirables, con dones recibidos de Dios extraordinarios, que no pocas veces son ejemplo de virtud; suele el demonio mezclando verdades con mentiras envanecer el alma [tentación] haciéndole creer que es santa. 

De lo cual se sigue, en ocasiones inadvertidamente, una secreta soberbia [gracias a Dios que no soy como los demás], se coloca como ejemplo, se cree mejor, desprecia a los pecadores, a los realmente humildes, incluso se cree mejor que los sacerdotes -que a él nada le pueden enseñar-. 

Pobre alma, le espera una caída, para humillar ese secreto orgullo que se ha sembrado en su corazón; Dios espera de un alma con mayor virtud, mayor humildad no arrogancia ni soberbia.


2º Querer dirigir la Iglesia. 

Hay muchos católicos capaces, inteligentes, con habilidades extraordinarias, a quienes suele sugerir el demonio de la soberbia que son ellos quien deben dirigir y gobernar la Iglesia, porque son los más capaces. 

De lo cual se sigue, cuando se acepta la tentación en competir con el párroco, en dirigir todo, con aparente humildad y deseo de cooperar a que las cosas vayan mejor, pero en el todo del corazón tiene sed de mandar. 

Grave enfermedad de soberbia hay en esa alma, debe corregirse, de lo contrario será humillada por Dios Nuestro Señor: 'Todo el que se ensalza, será humillado.' 

Si es tal su capacidad, pongas a las órdenes del párroco, explique su proyecto y haga lo que él le indique, y usted ponga los dones que Dios le dió al servicio de la Iglesia, bajo la obediencia a su párroco.


3º Juzgar a los demás.

Las almas con dones suelen ser mayormente tentadas, para juzgar los defectos que no adolecen, pero es el mismo demonio que se introduce con grave daño de su alma y de su comunidad. 

No critique, ayude, haga oración, santifiquese, no se limite en su pequeño circulo, si quiere compararse, compares con San Agustín, con Santa Monica, con Santa Teresa de Jesús, etc. 


Que Dios y María Santísima le bendiga. 


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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