Perder la paz por no tener lo que se quiere.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


El católico por engaño del mundo, demonio y carne, suele poner sus proyectos en las cosas terrenas: salud, trabajo agradable y bien remunerado; bienestar económico, amistades humanas, un carácter agradable, buen humor, buenas platicas, algunos paseos, etc. 

Algunos trabajan por alcanzar estas metas, se afligen [enojan, entristecen, deprimen] al no alcanzarlas, genera envidia en la persona que tiene lo que él busca con trabajo. "suele ser muy comúnmente causa y raíz de nuestras melancolías y tristezas, es, no el humor de melancolía, sino el humor de soberbia que reina mucho en nuestro corazón." San Alonso Rodríguez, Ejercicio de perfección y virtudes cristianas, tomo II, tratado VI, capítulo IV, página 515.

Queridos hermanos, para mayores cosas se ha nacido: “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma.” San Ignacio de Loyola. 

Porque perder la paz por no tener la salud que quisiera, las virtudes que quisiera, las limitantes materiales y espirituales, nacimos para el cielo, para servir a Dios, para ser santos, medita algunos principios de San Ignacio de Loyola:

  • "Luego mi fin no son precisamente las riquezas, los honores, las delicias; representar un papel brillante en el mundo, lucir, gozar, sino principalmente y ante todo SERVIR A DIOS; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere que le sirva."

  • "Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con éste o con aquél genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios."

  • “Por  lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta”

  • "Las cosas se deben medir por cuanto le ayuden o estorben a la consecución de su último fin, se sigue que, considerándolas en sí mismas por su respeto y amor no debe inclinarse más a unas que a otras, cualesquiera que sean." 


El católico se llena del mundo y empieza a amar el mundo, lo cual es muy mala señal: 

"No queráis amar al mundo, ni las cosas mundanas. Si alguno ama al mundo, no habita en él la caridad o amor del Padre; porque todo lo que hay en el mundo, es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia u orgullo de la vida, lo cual no nace del Padre, sino del mundo.” Primera epístola de San Juan, II, 15. 

Ocuparse en trabajar y mejorar las condiciones materiales no como fin, sino como medio para mejor amar y servir a Dios Nuestro Señor, salvando siempre: que se haga la voluntad de Dios y no la mía. 

Ocuparse cada día con esmero, dedicación y mucho esfuerzo en rezar el Santo Rosario a la Santísima Virgen María, medio absolutamente seguro de santificación y salvación eterna.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertireis, con tal que  recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Rosario.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.