Poco o nada interesa lo que diga la gente.


29 Nov
29Nov


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


El amor a uno mismo es un verdadero problema en la vida espiritual, el deseo inmoderado de su propia excelencia, que se traduce en el pavor a tener problemas –como si fueran una señal de reprobación, de hombre no grato a Dios Nuestro Señor-, sumado al deseo de ser bueno –no por amor a Dios, sino por el amor a su propia excelencia-, juntamente con la intención de ser aceptado por las personas de su entorno, que no es otra cosa que el reconocimiento social, la aceptación en su medio, la valoración a su esfuerzo.

En la práctica, en el día a día se convierte en una esclavitud al entorno social, -si todos dicen que soy bueno, es buena señal-, guiado por la ignorancia se encadena a los respetos humanos, degenerando la virtud de la caridad en el ejercicio de agradar a los hombres para que sepan que es bueno, en lo cuál ve su paga o emolumento, viendo como una injuria el desprecio o la descalificación de su persona: "Y así cuando haces limosna, no haga tocar la trompeta delante de tí, como los hipócritas hacen en las Sinagogas, y en las calles, para ser honrados de los hombres". Evangelio de San Mateo VI, 2.

“No esté tu paz en la boca de los hombres; pues si pensaren de ti bien o mal, no serás por eso hombre diferente. ¿Dónde está la verdadera gloria sino en Mí? Y el que no desea contentar a los hombres, ni teme desagradarlos, gozará de mucha paz.” Imitación de Cristo III, 28.


Consideraciones


1º El fin del hombre.

¿Porqué está el hombre en la tierra? ¿Cuál es el motivo de la existencia del hombre? Amar y servir a Dios Nuestro Señor en este mundo, para verle y gozarle en la eternidad después de la muerte. 

Es evidente que el hombre al fin de sus días, enfrenta el juicio de Dios, ¡no el de los hombres!, de donde se da una sentencia inapelable: cielo eterno –aunque pase por el purgatorio- o condenación eterna; por lo cuál, debe ocuparse en amar a Dios mediante el cumplimiento de los mandamientos, cumplir sus obligaciones de estado, lo demás se dará como fruto del amor a Nuestro señor. 

"Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras." Evangelio de San Juan XIV, 23. 


2º El amor al prójimo es por Dios.

Se presenta una confusión al agradar o amar al prójimo, se le debe procurar el bien en Dios y por Dios, no se debe amar el pecado, el error, la herejía en el prójimo, pues es una grave ofensa a Nuestro Señor. 

“Amar significa buscar el bien de aquellos a quienes amamos. El hombre debe, entonces, buscar primero el bien de Dios y después el bien del hombre. El bien de Dios es que su nombre sea bendecido y glorificado en los hechos por el cumplimiento de su ley. El bien del hombre es que le sean reconocidos todos los derechos que buscan al logro de su bienestar eterno y temporal.

Si es así, faltaría al mandamiento del Amor aquel padre que no reprimiera a su hijo que viola los derechos de Dios o los derechos de su Madre. No cumpliría con la caridad el padre que no castiga, si es necesario, al hijo que no respeta a su madre o que maltrata a sus hermanos. No cumple con la caridad el gobernante que no cuida los intereses de la patria o que no previene y castiga los atropellos de los malos ciudadanos. 

Caridad no es sentimentalismo que consiente todos los errores y atropellos de los demás. Caridad es procurar eficazmente el bien real (eterno y temporal) de los demás y odiar en todo momento el mal.” Padre Julio Meinviele, ‘El judío en el misterio de la historia’.


3º No se desaliente o abandone el camino por sus miserias.

Es común que el católico al ver sus errores, pecados, miserias se aparte del camino de perfección, abandone sus devociones pensando que es malo, que nunca se va a componer, que Dios no lo quiere, entre otros pensamientos de mediocridad.

El camino de la perfección tiene muchas caídas y recaídas, recuerde que la naturaleza humana esta herida por el pecado original, es una naturaleza miserable que requiere forzosamente de la gracia de Dios, de todo el esfuerzo del hombre, y sobre todo de la santa perseverancia.

Normalmente se abandona el camino de la vida espiritual con el piadoso pretexto de ser malo o no poder cambiar de vida, por orgullo, porque no quiere seguir luchando, esforzándose, levantándose de cada caída. “Porque siete veces caerá el justo, y se levantará: mas los impíos se precipitarán en el mal.” Proverbios 24, 16.


"Siempre que veamos que el desaliento se acerca a nosotros, tengamos por cierto de que por ahí anda el diablo. Nunca el desaliento es bueno. El menos malo es el que viene de la neurastenia. Debemos tener ánimo siempre, debemos tener confianza y ese ánimo que no se fundan en nuestras propias fuerzas, sino en el poder de Dios. ¿SABEMOS CUÁL ES MUY FRECUENTEMENTE LA CAUSA DEL DESALIENTO? ES LA FALTA DE HUMILDAD. Parece extraño. A primera vista se diría: ¿qué cosa más propia de la humildad que el desalentarse? Si yo veo que no valgo nada, estoy lleno de miserias, entonces parece muy propio de la humildad el desaliento… El desaliento es propio del orgullo; el orgullo si que es cobarde, que es pusilánime, que es débil. La mayor parte de las desconfianzas y de los desalientos vienen de la falta de humildad. Aunque aparentemente se den motivos de humildad, en el fondo es la que falta. ¿Por qué nos desalentamos? Porque nos sentimos mal al vernos cubiertos de miserias. Quisiéramos estar limpios, en las alturas… y cuando viene una mancha, una falta, una tentación, nos desalentamos.” Monseñor Luis María Martínez, Arzobispo primado de México, Espiritualidad de la Cruz, página 244.

 

4ºAplicación práctica.

No piedra tiempo en buscar el reconocimiento de las personas, en procurar la buena estima aún con piadosos motivos, ocúpese de amar y servir a Dios Nuestro Señor mediante el cumplimiento de los mandamientos de la ley de Dios, con o sin el reconocimiento de su entorno social.

Nuestro Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero, suma bondad fue cinco mil veces azotado, le llamaron endemoniado, procesado en un juicio falso, escupido, coronado de espinas, traicionado y crucificado por los “buenos”; sirva este ejemplo de meditación de lo poco que deben preocupar lo que dice la gente. 

"Meledictus homo, qui confidit in homine, et ponit carnem brachium suum, et a Domino recedit cor ejus." Maldito el hombre, que confía en el hombre, y pone carne por brazo suyo, y se retira del Señor su corazón. Profeta Jeremías XVII, 5.

Procurar rezar cada día despacio, con atención, de rodillas el Santo Rosario de la Santísima Virgen María, tenga el cuidado de tener en su hogar un altar decente a la Madre de Dios, una cera encendida durante el santo Rosario, con su perseverancia ha de recibir infinitas bendiciones de la gloriosa Virgen María. 

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.








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