¿Por qué la obra de Dios siempre es combatida?



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Queridos hermanos, la obra de Dios donde las almas se santifican, donde se predica el santo Evangelio, donde se vive santamente, donde se frecuentas los sacramentos y el santo Rosario; lo normal es una oposición permanente, por "los buenos" y por los ajenos. 

El hombre, compuesto de alma y cuerpo tiene libertad para escoger el bien o el mal [el término medio, la tolerancia o el estar bien con todos no es de Dios], siempre quien obra bien, combate contra tres grandes enemigos: mundo, demonio y carne; los que se apartan de Dios, hacen alianza con los enemigos del alma. 

Por lo cual el hombre es parte de la Iglesia  de Dios Nuestro Señor o de la bandera de Satanás, por esta razón encontramos hombres buenos y malos. 

¿Porque las obras de Dios son perseguidas o mal vistas o criticadas? 

Debo aclarar, son las obras de Dios las que son perseguidas o atacadas, no las personas en cuanto a tales, pueden cambiar radicalmente, es la obra de Dios en quien la realice con recta y pura intención. 

Consideraciones 


1º El origen del problema se llama Satanás. La lucha permanente contra Dios Nuestro Señor en todos los tiempos, lugares, circunstancias y épocas, son originadas por el príncipe de la tinieblas. 

1.1. Lucifer fué un ángel de Dios, compañero de San Miguel Arcángel, pero no estaban confirmados en gracia, por lo cual fueron sometidos a una prueba, en la cual, el ángel más excelso, Luzbel se revelo libre y voluntariamente contra Dios, fué precipitado en el infierno con muchísimos ángeles rebeldes que se convirtieron en demonios. 

1.2. "Porque el diablo y demás demonios, por Dios ciertamente fueron creados buenos por naturaleza; mas ellos, por sí mismos, se hicieron malos. El hombre, empero, pecó por sugestión del diablo." IV Concilio de Letrán, capítulo 1º 'De la fe católica', año de 1215. Dz. 428. 

1.3. Desde entonces el demonio combate sin tregua  el reino de Dios, todo hombre que realice la obra de Dios será combatido:  “El diablo odia a Dios, vive en el odio a Dios, o sea odia a la Bondad en persona. Por eso no puede amar nada y a nadie. El diablo, al odiar al hombre odia en él a Dios, al Creador y al Santo. Se esfuerza por separar al hombre de Dios para llevarlo a un estado de apartamiento de Dios. El diablo combate el reino de Dios, el poderío de Dios, incondicionalmente. No hay solamente un poder impersonal malo; existe también un ser personal cuyas intenciones son radicalmente malas y que quiere el mal por amor del mal. Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §124. 

1.4. "El diablo es malo por haber escogido la maldad libre y conscientemente, no porque su naturaleza esté de por sí en oposición con el bien. ¿Y de dónde viene su lucha contra nosotros?  Porque el diablo, convertido en recipiente de toda maldad, adquirió también la enfermedad de la envidia y envidiaba nuestro honor."  San Basilio, sermón 15, sección 8; BKV II, 385.


2º En este mundo los hombres estamos en una prueba, por eso tenemos libertad, etapa que termina con la muerte, después del juicio hay dos caminos finales: ser santos en el cielo eternamente o condenados en el infierno. 

2.1. Por lo regular el hombre se alista en la obra de Dios o del demonio desde tierna edad, los que guardan los mandamientos o están en la lucha por ser buenos, y quienes no les interesa la ley de Dios o simulan [aparentan] ser buenos y hasta santos. 

2.2. “Todo pecado está, pues, en relación con el diablo. En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original. Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios. El hombre no puede salir de la siguiente alternativa: o se somete a Dios o queda sometido al diablo.” Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §124, 1º.

2.3. Detrás de los nombres y apellidos de las personas que combaten la obra de Dios, siempre se encuentra el demonio: "Los hombres han crucificado a Jesucristo, pero es otro el promotor de este terrible hecho. Tras las personas activas al exterior se oculta el funesto personaje que las dirige. Satanás, que desde el principio fué un asesino y un mentiroso [San Juan VIII, 44], entró en Judas Iscariote y le sedujo a traicionar a Jesús [San Lucas XXII, 3, San Juan XIII, 27; VI, 70]" Teología Dogmática, Michael Schmaus, tomo II, §124, 3º, C.


3º Táctica del demonio. Satanás no puede mostrarse como es, sus armas principales son las mentira, el engaño, la simulación y la confusión.

3.1. El enemigo tiene muchísima experiencia, conoce a la perfección la naturaleza humana, por lo cual primero lo observa a Usted detenidamente [temperamento, inclinaciones, idiosincrasia, gustos, debilidades, fortalezas, sueños], para presentar la tentación más adecuada, propia para Usted, en el momento correcto. 

3.2. La fortaleza del ataque, estriba en que no se identifique al demonio, atribuirlo a causas naturales, con cierta apariencia de bondad o justicia. 

3.3. Las obras santas,  son desgastadas permanentemente en el elemento humano, del cual buscan la parte más débil para taladrar y sea la puerta por donde se combata la fortaleza de Dios. 

3.4. Los candidatos idóneos a traicionar una obra de Dios, son los elementos más dados a la soberbia, por lo regular con cierta capacidad y quienes se sienten no valorados o heridos en su persona, por lo cual son captados por el demonio, alimentados constantemente e impulsados a derribar la obra de Dios desde adentro.

 

4º Los hombre que combaten la obra de Dios, por lo regular usan de mentiras, intrigas, gustan del número, de la confusión y llegan hasta la violencia, como sucedió en la crucificción y muerte de Nuestro señor Jesucristo.

4.1. ¿Qué impulsó la crucifixión del Hijo de Dios? En las acusaciones realizadas por las personas contra la obra de Dios, por lo regular son mentiras, intrigas, se envalentona con el número, el ruido y la violencia: 

4.2. “Estos triunfos de Jesús despertaron desde el principio la envidia de los escribas y fariseos, de los príncipes y sacerdotes, y de las cabezas del pueblo, envidia que se aumentó en extremo cuando El se puso a desenmascarar su hipocresía y a reprobar sus vicios. No tardaron en perseguirle hasta llamarle endemoniado, buscando manera de sorprenderle en palabras, ya para desautorizarle ante el pueblo, ya para acusarle al gobernador romano. Esta envidia fue siempre creciendo, y se exacerbó más cuando, a consecuencia de la resurrección de Lázaro, se multiplicó grandemente el número de los judíos que creían en Él. Entonces tuvieron un consejo para matarle; y el pontífice Caifás terminó con estas palabras: Es necesario que un hombre muera por el pueblo, y que no perezca toda la nación; diciendo sin saberlo una profecía, pues en verdad, por la muerte de Jesús se había de salvar el mundo.” Catecismo Mayor del Papa San Pío X, segunda parte, página 308, no. 101. 

4.3. El combate a la obra de Dios no se entiende, no es honesto, no hablan con la verdad, apelan siempre a subterfugios, no saben perdonar, lo vemos en la vida de San Luis María y en la vida de todos los santos.

4.4. "Irritado contra mí dicho señor, ignoro con qué sombra de razón, me despreciaba, contrariaba y ultrajaba de la mañana a la noche en la casa, y denigraba mi conducta en la ciudad ante todos los administradores, indisponiendo con tan extraño proceder... Cierto pobre instruido y orgulloso púsose en el Hospital al frente de algunos libertinos para hacerme la guerra, perorando su propia causa ante los administradores y censurando mi conducta, porque yo les echo en cara sin rodeos, aunque con dulzura, las verdades que se merecen". San Luis María G. de Montfort, "Cartas", No. 10.


No debe extrañar que el día de hoy, las obras de Dios sean combatidas, con las mismas armas, pero con mayor refinamiento, no busque una explicación lógica a la argumentación ilógica que presentan; eso se combate con vida santa, con la verdad, con paciencia y con el santo Rosario.

"Tiemblan los malignos sólo de oír su nombre sacrosanto; y como caen los hombres a tierra cuando un rayo da cerca de ellos, así los demonios quedan aterrados al oír el nombre de María". San Alfonso María de Ligorio, 'Las glorias de María', capítulo IV.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Etiquetado:  Alimento para el alma

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