¿Porque nuestras oraciones no siempre son atendidas por Dios Nuestro Señor?



Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 


Queridos hermanos, muchas veces el buen católico se entristece porque sus oraciones a Dios Nuestro Señor no son atendidas, algunos guiados por la ignorancia y el sentimiento hasta llegan a enojarse con Nuestro Señor. 


Analicemos un poco esta situación:


'Quia mali petimus , quia mala petimus , vel quia male petimus.' Muchas veces no nos oye Dios, dice San Agustín [Ep. ad Prob.], porque cuando oramos somos pecadores, ó porque pedimos cosas malas, ó porque aunque pidamos lo que debemos pedir lo pedimos mal. 


Muchas veces amando el pecado y sin la menor intención de apartarse de él, pedimos a Dios alguna gracia, como si tuviera la obligación de atender al que no tiene la menor intención de dejar de ofender a Dios Nuestro Señor. 

Dios quiere la muerte del pecado, no la muerte del pecador, por eso queridos hermanos, debemos procurar implorar el perdon de nuestro pecados con un corazón contrito y humillado, para mejor poder servir y amar a nuestro Divino Redentor: Cor contritum et humiliatum Deus non despicies. Al corazón contrito y humillado no lo despreciarás, oh Dios. Salmo 50, 19.


3º No nos oye tampoco cuando pedimos cosas malas. Queridos hermanos, debemos procurar pedir los medios necesarios para nuestra salvación eterna, como es: fuerza para no caer en pecado, la sagrada perseverancia en la vida santa, el santo temor y amor de Dios, la gracia de rezar el Santo Rosario todos los días, la santa virtud de la humildad, de la caridad y de la fe.

Dios que es infinitamente bueno y misericordioso, atenderá de todas las necesidades que tengamos: Buscad el reino de los cielos y lo demás, se os dará por añadidura. 


4º Aunque pidamos lo que debemos pedir lo pedimos mal. Principalmente queridos hermanos, rezar con humildad, no con altanería o con un espíritu que se puede creer santo y que en su pensamiento llegue a creer que no necesita de Dios. 

"El fariseo estando en pie, oraba en su interior de esta manera: Dios, gracias te doy porque no soy como los otros hombres, robadores, injustos, adúlteros: así como este publicano. Ayuno dos veces en la semana, doy diezmo de todo lo que poseo." Evangelio de San Lucas XVIII, 11. 

Por esto nos instruye San Agustín: Melior est peccator humilis quam justus superbus; "Vale más a los ojos de Dios y no está tan en peligro de perderse un pecador humilde que un justo soberbio."



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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