Salva tu alma.


01 Jul
01Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


En medio del mundo que nos a tocado vivir por disposición de la Divina Providencia, debemos tener presente el fin de nuestra vida, el objetivo de nuestra existencia, a saber: ‘Amar y servir a Dios Nuestro Señor en la presente vida, para verle y gozarle eternamente en el cielo’.

Las condiciones sociales son anticristianas, los fundamentos del presente mundo son contra Dios Nuestro Señor: Educación oficial contra la fe católica; Legislación contra los derechos de Dios y de la Santa Iglesia; Finanzas basadas en la usura y en el robo fiscal; El Santo Sacrificio abrogado; lo cuál arroja como consecuencia la apostasía casi general [negar en las obras la fe de Nuestro Señor Jesucristo recibida en el Santo Bautismo].

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es suyo: mas porque no sois del mundo, antes yo os escogí del mundo, por eso os aborrece el mundo.” Evangelio de San Juan XV, 19.


CONSIDERACIONES.


1º LA SALVACIÓN ETERNA DE NUESTRA ALMA.

En las condiciones particulares que nos han tocado vivir, el objetivo es salvar nuestra alma, materializado en el cumplimiento de los mandamientos de la ley de Dios Nuestro Señor fundamentalmente.

Ante la confusión presente, donde el error y la obra contra Dios es lo “correcto” en el lenguaje del mundo, debemos tener la idea clara: lo primero es salvar nuestra alma.

Algunos católicos escandalizados, no sin razón, de las perversidades oficiales de nuestros días, esperan el llamado del hombre de Iglesia, desean luchar contra las fuerzas del mal, viviendo en pecado mortal, justificando su estado en los males enunciados, dedicándose a obras buenas descuidando su salud espiritual, que básicamente es: Vivir en gracia de Dios.

Surgen las justificaciones: no hay sacerdote o no hay buenos, el temperamento personal, las experiencias de vida, y demás circunstancias propias de la vida humana.

Ocúpese de vivir en gracia de Dios, ocúpese de salvar su alma, porque ese es el fin e su existencia, lo demás se dará por añadidura.

“¿Qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” Evangelio de San Mateo XVI, 26.


2º APRENDER A VIVIR EN EL MUNDO.

El católico difícilmente tendrá todas las condiciones a su voluntad, no puede esperar o condicionar una vida en gracia de Dios, hasta que tenga un sacerdote a su gusto, solvencia económica, familia favorable, entorno social católico, y demás condiciones que son de desear, pero no se puede esperar porque se le va pasar la vida esperando.

Las condiciones son contra la obra de Dios, y debemos prepararnos porque seguramente van a empeorar.

Lo que debe atender prioritariamente es la salvación eterna de su alma, vivir en gracia de Dios, frecuentar las sacramentos verdaderos, tener la fe verdadera; debe acomodar su vida entera a su salud espiritual, sólo o acompañado, con una voluntad determinada a morir por la salvación eterna.

El error común del católico piadoso, es el deseo de ser “bueno” siendo amigo de todos, no tener problemas con nadie, ceder en todo, ser como la veleta con la piadosa intención de tener caridad.

Una alma que vive en gracia de Dios, que lleva el buen olor de Cristo, es una gran ayuda para la Iglesia, para su familia, para la sociedad.

“Los que de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno loan, con los buenos se juntan siempre, y los favorecen, y defienden; no aman sino verdades, y cosas que sean dignas de amar.” Santa Teresa de Jesús, ‘Camino de perfección’, capítulo XL.


3º LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

Procurar estudiar el ‘Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen’ de San Luis María G. de Montfort, para tener la devoción que nos lleve al cielo en el mundo corrupto y corruptor.

Es muy de desear que cada día rece el Santo Rosario de la Santísima Virgen María, procurando rezarlo despacio pues las prisas acaban la devoción, de rodillas, meditando los misterios contenidos en tan santa devoción a la Madre de Dios.

El Santo Rosario rezado cada día, dará las gracias necesarias para vivir santamente, por el poder de la Santísima Virgen María.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.









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