Sea bueno y santo por amor a Dios, no por amor a Usted mismo.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Muchas almas quieren ser santos o alcanzar las virtudes que el amor de su propia excelencia les sugiere, buscando exaltarse a uno mismo, aparecer bueno o sin defecto ante los demás. 

Falta la rectitud de intención, pues el impulso de esos deseos es el amor de nuestra propia excelencia: no tener tentaciones ni pecados con la intención de no sufrir humillaciones o vergüenzas, un cuerpo atlético, cultura intelectual, excelente platica y don de consejo, una posición económica holgada para ayudar a los demás, no enojarse, siempre alegre, apacible, sonriente, muy paciente. 

Falta la recta intención cuando uno se pone como fin, cuando lo importante no es el amor a Dios [sólo secundariamente], cuando lo que busca realmente es ser irreprensible, sin tacha. Tiene por origen un espíritu orgulloso [soberbia] con apariencia de humildad y piedad, que lo que realmente busca es no ser afrentado, humillado ante sus propios errores. 

Un ejemplo muy común, se presenta en las personas con cierta piedad, que cometen algún pecado vergonzoso; es un dolor grande, pero no por haber ofendido a Dios, sino, porque no son lo que ellos pensaban ser o querían ser: perfectos e impolutos; y se vuelven contra Dios, se enojan, no aceptan su pecado, culpan al mundo al demonio, a la carne, al universo mundo, poniéndose ellos como unas víctimas, pobrecito de mí... ¡Pura soberbia! 

Comentarios 


1º No se busque a usted mismo en la fe católica. 

Un error entre los malos católicos producto del amor propio, es buscarse en todo a ellos mismos, a saber: hagan lo que hagan [oración, limosna, penitencia, flagelación corporal, silicios, estudio, trabajos humildes] buscan en todo sentirse bien, sentir satisfacción de que son buenos, sentirse útiles a Dios; esperan el reconocimiento, se desconsuelan cuando no les agradecen su esfuerzo, su sacrificio porque se están buscando a ellos mismos. Incluso se abstienen de pecados no por amor a Dios, sino por amor a su propia excelencia. 


2º No se compare ni se mida con los demás. 

Cada alma tiene dones, gracias y pruebas distintas, por lo cual no podemos querer que todos sean como San Pedro Apóstol, o como San Juan Evangelista; cada uno tiene su camino marcado por la Providencia; en síntesis: no se mida con su circulo de amigos, no compita con los que vive o asisten a la oración, que lleva un fondo de orgullo y amor propio. No haga publicas sus obras, trabaje en su santificación no por Usted, sino porque esa es la voluntad de Dios, por amor a Dios Nuestro Señor. 


3º No se excuse, no se justifique.

"Compara un santo [B. Pedro Damiano] a los que se excusan al erizo, que cuando siente que le quieren tomar o tocar, enconde con grandísima velocidad la cabeza y los pies, y queda por todas partes rodeado de espinas, hecho una bola, que no le podréis tomar ni tocar, sin punzaros primero. 

De esta manera, dice este santo, son los que se excusan, que si los queréis tocar, y les decís la falta que hicieron, luego se defienden como el erizo. Y unas veces os punzarán a vos, dándoos a entender que también vos habéis menester aquello; otras diciendoos que también hay regla que no reprenda uno a otro; otras diciendo que otros hacen mayores faltas y se disimulan. Llegaos a tocar al erizo y veréis si punza.  

Todo esto nace de la mucha soberbia que tenemos, que no querríamos que se supiesen nuestras faltas, ni ser tenidos por defectuosos, y más nos pesa de que se sepan y de la estima que por ello perdemos, que de haberlas hecho, y así las procuramos encubrir y excusar cuanto podemos. Y hay algunos tan inmortificados en esto, que aun antes que les digan nada, ellos previenen y se excusan, y quieren dar razón de lo que  les pueden oponer; si hice aquello fué por esto, y si hice lo otro, fué por esotro. ¿Quién os pica ahora que así saltáis? El estímulo y aguijón de la soberbia que tienen allá dentro en las entrañas, eso les pica y les hace saltar con eso, aun antes de tiempo." San Alonso Rodríguez, Ejercicio de perfección y virtudes cristianas, tomo II, tratado III, capítulo XXVIII, página 320. 


Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Etiquetado:  alimento para el alma

Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.