Siete veces caerá el justo, y se levantará.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Un católico de buena intención, que profesa la fe católica y trata de agradar a Dios Nuestro Señor, de rezar sus oraciones [particularmente el Santo Rosario], algunas veces a la semana su lectura espiritual; es un ser humano sujeto a errores, a imperfecciones, a pecados. 

El buen católico no es un ser perfecto, ni impoluto; está en camino de santificación, donde por lo regular hay muchas caídas, pecados, imperfecciones, errores, pero eso no debe arredrarlo o desanimarlo; pues las caídas en el desarrollo espiritual son parte del crecimiento cuando se obra con recta intención [no se trata de justificarlas, sino de ubicarnos en la realidad]. 

Es el amor de su propia excelencia [soberbia] que se molesta tanto, que ya se quiere ver perfecto, sin mancha; bueno y ¿de dónde viene tanta ansia? mejor decir que se haga la voluntad de Dios y usted esfuércese por hacer las cosas lo mejor posible, poniendo atención, esmero e inteligencia; con la perseverancia llegará a la perfección. 

Anotaciones

1º Hacer las cosas lo mejor posible.- Usted cumpla con sus obligaciones con deseo de agradar a Dios Nuestro Señor, con atención, inteligencia y sobre todo NATURALIDAD, sea Usted, sientase a gusto porque el camino es largo. 

2º No se espante de los pecados.- La naturaleza humana es muy débil, Usted tenga buena intención, ponga inteligencia y diligencia en el obrar, pero no se espante ni se ofusque o piense que Dios no lo quiere. Simple y sencillamente levántese inmediatamente y siga su camino: "Porque siete veces caerá el justo, y se levantará: mas los impíos se precipitarán en el mal." Proverbios XXIV, 16.

3º Cuidado con la humildad fingida.- La soberbia suele revestirse de humildad, y en las caídas o pecados acostumbra desmoralizarse, y bajo el velo de humilde no emprende el vuelo nuevamente. Dice san Jerónimo, epist. 27: Multi humilitatis umbram, veritatem pauci sectantur: "Muchos siguen la sombra y apariencia de humildad: fácil cosa es traer la cabeza inclinada, los ojos bajos, hablar con voz humilde, suspirar muchas veces, y a cada paso llamarse miserables y pecadores; pero si a esos los tocáis con una palabra, aunque sea muy liviana, luego veréis cuán lejos están de la verdadera humildad." 


Sea nuestro camino ordinario a la perfección espiritual el rezo atento, devoto y piadoso del Santo Rosario a la Santísima Virgen María; con recta intención [no buscar ser visto de los hombres ni hacer saber a todos nuestras devociones] que en ello lleva peligro de orgullo y amor propio. 

Dios le bendiga. 


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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