Trabajar con inteligencia.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Queridos hermanos, el amor a nuestra propia excelencia trata de justificar nuestras limitaciones y miserias humanas de múltiples formas, a fin de proyectar una imagen favorable de nosotros mismos.

Una práctica extendida es la justificación de nuestras miserias y el culpar con inteligencia al universo mundo de nuestros fracasos, errores y falta de virtud.


Consideraciones


1º Culpar a los demás, excusarse, justificarse y esperar a que el mundo cambie o a tener las condiciones favorables para ser bueno es propia de almas mediocres, fracasadas, que poco a poco se van acomodando en una medianía con tendencia a la mediocridad, con aires de resentimientos, envidias y rivalidades, con gravísimo daño para la salud del alma.

"Dejando pues toda malicia, y todo engaño, y fingimiento, y envidias, y toda suerte de distracciones." Epístola de San Pedro II, 1.


2º El único responsable es Usted, lo que hay que hacer es trabajar, sí: trabajar con inteligencia, con método en base a la experiencia de los conocedores de la materia [los santos]; nadie hará el trabajo por usted, no va encontrar un ángel que lo esté consolando a cada paso.

Es hora de despertar, de hacer las cosas bien hechas, no importa que estemos en una situación muy lamentable de pecado, Dios Nuestro Señor nos ha de bendecir y dar su gracia para trabajar con perseverancia.

"Vela sobre tí mismo. Porque haciendo esto te salvarás a ti mismo, y a los que te oyeren" San Pablo a Timoteo IV, 16.


3º El Santo Rosario es fundamental en la vida actual para alcanzar la plenitud espiritual, juntamente con la estabilidad espiritual. La Santísima Virgen María ha otorgado muchísimas gracias a quienes recen bien el Santo Rosario.

"Solemnemente afirmamos cuán grande es la esperanza que Nos ponemos en el Santo Rosario para curar los males que afligen a nuestro tiempo. No es con la fuerza, ni con las armas, ni con la potencia humana, sino con el auxilio divino obtenido por medio de la oración". Papa Pío XII, carta Encíclica 'Ingruentium Malorum' del 15 de septiembre de 1951. 

Hermano pecador, ten coraje contigo mismo, impúlsate en tu miseria para ponerte de pie, para confesarte bien, para hacer bien las cosas buenas y santas que nos han de conducir a la gloria eterna.

Dios te bendiga.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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