Trabajar en bien de tu alma, no pretextos.


16 Aug
16Aug


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Muchos peligros padecen los que de verdad quieren amar a Dios Nuestro Señor, por la sociedad contra Cristo que en forma uniforme prevalece en el universo mundo: Una educación oficial que le llaman “laica” totalmente contra el santo nombre de Dios; una económica fundada en el robo “devaluación”, “intereses sobre intereses”, “ganancia”; una legislación anticristiana: “aborto”, “matrimonio igualitario”, “muerte digna”, “tolerancia”; una Iglesia que agoniza en su parte humana, que ha sido tomada por asalto la autoridad máxima para obrar contra Cristo.

“De igual manera Roma sufrió una misma tribulación, en la que el bueno fue corregido y purificado, mientras que el impío fue condenado, ya sea siendo arrebatado de esta vida para purgar más con penas justísimas, ya sea que permanezca aquí blasfemando con mayor culpabilidad, o, por lo menos, para que Dios, según su inefable misericordia, purifique con la penitencia a los que conoce que se han de salvar.” San Agustín, Homilía: La devastación de Roma: Utilidad de la tribulación temporal.


Consideraciones


1º Graves son los males que padecen los que de verdad quieren amar a Dios, pero son una purificación, un acercamiento al santo temor de Dios Nuestro Señor, pues: “Sabemos también, que a los que aman a Dios, todas las cosas les contribuyen al bien”. San Pablo a los Romanos 8, 28.

Graves afrentas permite Dios Nuestro Señor en los días presentes, como permitió la pasión y muerte de Nuestro Divino Redentor, por lo cuál es tiempo de santificarnos, de trabajar en bien de nuestra alma, de dar testimonio del amor que se profesa a Dios Nuestro Señor, y no de estarse quejando, lamentando y dudando del poder de Dios, que eso es propio de mercenario, de cobardes y de amadores de sus propios intereses.

“Pon en balanza a Roma con Cristo, sopesa la tierra entera y a Cristo, equilibra cielo y tierra con Cristo; nada creado puede valorarse con el Creador, ni obra alguna se compara con el Autor: Todo ha sido hecho por El y sin El no se hizo nada [San Juan 1, 3]; y, sin embargo, fue tenido en nada por los perseguidores. Soportemos entonces lo que Dios tenga permitido que soportemos.” San Agustín, Homilía: La devastación de Roma: Utilidad de la tribulación temporal.



2º Tiempo es de trabajar y no de quejarnos.

El fin de nuestra existencia es amar y servir a Dios Nuestro Señor en la presente vida, para ver y gozar eternamente en el cielo; pero amarle como Dios quiere, cumpliendo sus mandamientos:  "Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras." Evangelio de San Juan XIV, 23.

El verdadero mal es el pecado que conduce al hombre a la condenación eterna, ocuparse en todo tiempo en cumplir los mandamientos, en vivir en gracia y amistad con Dios Nuestro Señor, independientemente de los tiempos, circunstancias y épocas que la Divina Providencia tenga preparado para cada uno en particular: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, y no pueden matar el alma: temed antes al que puede echar el alma y el cuerpo en el infierno.” Evangelio de San Mateo 10, 28.


3º El Santo Rosario.

Lo más importante es la salvación eterna de nuestra alma, asegurar el bien eterno mediante la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, pensar en la eternidad, utilizar el tiempo para vuestro bien eterno, rezando con atención el santo Rosario a la Bienaventurada Siempre Virgen María.

“No es posible expresar cuánto estima la Santísima Virgen el Rosario sobre todas las demás devociones y cuán magnánima es al recompensar a quienes trabajan para predicarlos, establecerlo y cultivarlo y cuán terrible es, por el contrario, con aquellos que quieren hacerle oposición.”  San Luis María G. de Montfort, ‘El secreto del Rosario’, rosa VII.

Procure adquirir con toda su voluntad, entendimiento y capacidad la santa devoción de rezar cada día el Santo Rosario despacio, con atención, con una cera encendida de rodillas; es en verdad la mejor inversión en la vida de la cuál nunca se arrepentirá.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados."  San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.

Dios te bendiga.










Ave María Purísima, sin pecado original concebida.







Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.