¿Un hombre compactado con Satanás puede salvar su alma?


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


No pocos casos se han presentado, donde hombres pecadores se entregan al poder de Satanás por una circunstancia particular, con el tiempo se vuelve asfixiante, finalmente pierden la fe, la esperanza y su alma es inundada por la tristeza de haber perdido la gracia y amistad con Dios por un hecho penoso, el cual, los aleja de la confesión, sintiendo que están condenados al infierno. 

La mayoría de los católicos que se entregan al poder de Satanás, incluso con formal juramento rubricado con su propia sangre, tiene su origen en una debilidad que fué creciendo [desarrollándose] a tal grado que se convirtió en una ansiedad por poseer aquello en que puso sus ojos. 

Hablamos de personas embriagadas [no de alcohol, sino de pasión y deseo llevado hasta el extremo] hasta perder la razón, emociones, intelecto, voluntad, aspiraciones, por un deseo grande. En algunos casos es de pecados contra el sexto y noveno mandamiento, en otros, de tener poder, dinero, gloria humana, reconocimiento, ciencia, matar a sus enemigos, entre otras muchas cosas propias de las miserias humanas. 

El descuido, el apartamiento de Dios, los excesos personales y cierta valentía, unida a la influencia del enemigo común, han llevado a muchos católicos a entregarse a Satanás. 

¿Las almas de los compactados con Satanás se pueden salvar? 

Claro que sí. 

1º Confesión sacramental.- "El sacramento de la penitencia es el sacramento en el cual se perdonan, por medio de la absolución sacerdotal, todos los pecados cometidos después del bautismo, al pecador que arrepentido de ellos los confiesa sinceramente y tiene propósito de dar satisfacción." Ludwig Ott, Manual de Teología Dogmática, página 610. 

2º Oración.- Es una gracia muy grande que un hombre que cometío un crimen de esta naturaleza, nazca en él, un sincero arrepentimiento y sobre todo, las disposiciones necesarias para confesar su culpa. Es necesaria la oración, indiscutiblemente el Santo Rosario.

3º Perseverancia y buena voluntad.- Después de su confesión, recibirá un ataque de Satanás, su alma lleva una herida muy grande e inclinación debida al pecado mencionado, es necesario, mucha perseverancia, humildad y sobre todo, devoción a la Santísima Virgen María.


Anotaciones muy importantes.

1ª "El Beato Alano asegura haber conocido varias personas entregadas al diablo en cuerpo y alma y que habían renunciado al bautismo y a Jesucristo; pero que, después de abrazar la devoción del Santo Rosario, fueron libertadas de su tiranía." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Santo Rosario, Rosa XXXV. 

  "Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convirtiéreis, con tal que recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte." San Luis María G. de Montfort, en su obra: El Secreto del Rosario.

"Ninguno que persevere en la devoción al rosario se condenará". Confesión de 15,000 demonios. San Luis María G. de Montfort, en su obra: El Secreto del Rosario. 


Hechos.


1º Mujer compactada con el demonio. 

“En el año 1578 una mujer de Amberes se entregó al demonio, firmando el acta de entrega con su sangre. Algún tiempo después se arrepintió, y, como sintiera gran deseo de reparar el mal que había hecho, buscó un confesor prudente y caritativo para conocer el medio de librarse del poder del diablo.

Encontró efectivamente un sabio y virtuoso sacerdote que le aconsejó buscase al P. Henry, director de la Cofradía del Santo Rosario, del convento de Santo Domingo, para que la inscribiese en la Cofradía y la confesara, y así se lo pidió; más, en vez del Padre, encontró al demonio bajo la forma de un religioso que la reprendió severamente y le dijo que ninguna gracia podía esperar de Dios ni había modo de revocar lo que había firmado, lo cual la afligió mucho. No por eso perdió por completo la esperanza en la misericordia del Señor y volvió a buscar al Padre, encontrando nuevamente al diablo, que la rechazó como en la ocasión anterior; más repitiendo por tercera vez el intento, permitió el Señor que encontrase al P. Henry, a quien buscaba y que la recibió con caridad, exhortándola a confiar en la bondad de Dios y hacer una buena confesión; la admitió en la Cofradía y le ordenó que con frecuencia rezase el santo Rosario.

Y un día, durante la misa que el Padre celebraba a intención de la mencionada mujer, la Santísima Virgen obligó al diablo a devolverle la cédula firmada, quedando de ese modo libertada por la autoridad de María y la devoción al Rosario.” Obras de San Luis María G. de Monfort, BAC, 1953, página 368.


2º Un eclesiástico de Cilicia entregado a Satanás.

“Famosa es la historia de Teófilo, escrita por Eutiquiano, patriarca de Constantinopla, testigo ocular, y confirmada por los padres Pedro Damiano, Buenaventura, Antonino y otros (Crasset, Devoción a la Virgen, tomo 1, trat. 1, q. 10). 

Era Teófilo arcediano de la Iglesia de Adana, ciudad de Cilicia, y tan estimado generalmente, que el pueblo le pedía por obispo, rehusándolo él por humildad. Con todo, como por acusación de algunos malévolos fuese depuesto de la prebenda, concibió tan gran sentimiento, que ciego de pasión fue a buscar a un mago judío, y este le proporcionó abocarse con Satanás, para que le ayudase en aquella desgracia. Respondió el demonio, que para merecer su favor primero había de renegar de Jesús y María, y ponérselo por escrito. 

Teófilo firmó la escritura execrable; más al día siguiente habiendo conocido el obispo la sinrazón le pidió excusa, y le repuso en el ejercicio de la dignidad.

Entonces conoció Teófilo lo grave de su crimen, y con gran remordimiento comenzó a llorar amargamente. ¿Qué hace? Se va a una iglesia, se postra delante de una imagen de nuestra Señora, y con abundantes lágrimas le dice: Madre de Dios, no quiero caer en desesperación viviendo vos, que sois tan clemente y me podéis valer. Con esta súplica estuvo cuarenta días, siempre llorando a los pies de la Virgen, hasta que una noche se hace la Señora visible diciéndole: ¿Qué es lo que has hecho, Teófilo? Me has negado a mí y a mi hijo ¿Y a quien has vendido tu alma? A mi enemigo y tuyo. Vos, Señora, respondió, me habéis de perdonar y obtener el perdón de vuestro santísimo Hijo. Viendo María tanta confianza, le volvió a decir: Consuélate, que pediré por ti. Animado con esto dio mayor rienda a los sollozos, penitencias y ruegos, sin desviarse de la vista de aquella sagrada imagen, y al cabo de otros nueve días se le volvió a aparecer diciendo: Teófilo, alégrate, que he presentado en el acatamiento divino tus plegarias, y han sido bien oídas, y ya Dios te ha perdonado. De hoy en adelante sele fiel y agradecido. No basta, Señora, replicó Teófilo; tiene todavía el enemigo aquella escritura abominable, y vos podéis hacer que se me devuelva. Tres días más pasaron, y a la tercera noche despertó, y se halló con el papel en el pecho. A la mañana siguiente, estando el obispo en el templo con gran concurso de gente, fue allí Teófilo, se le echó a los pies, contó cuanto había pasado, y hecho un mar de lágrimas le puso en las manos el papel, que se quemó allí en público, llorando todos de alegría, con bendiciones y alabanzas a Dios y a su Madre por la misericordia que había usado con aquel pecador, el cual se volvió desde allí a la Iglesia de su abogada, donde tres días después murió lleno de gratitud y júbilo.” San Alfonso María de Ligorio,  Las glorias de María, Capítulo V, página 134, año de impresión 1868.

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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