Una pobre mujer muere asistida por la Santísima Virgen María.


"Estaba ayudando a bien morir el párroco de cierto lugar a un hombre rico, en una casa muy bien puesta, con asistencia de muchos criados, parientes y amigos; pero veía también a los diablos que, en forma de perros hambrientos, estaban cerca esperando su alma; y así fué que al instante que acabó de expirar se la llevaron, por haber muerto en pecado mortal.

En el ínterin fué el cura mandado llamar a casa de una pobre que estaba también para morir y pedía los Santos Sacramentos. Mas no pudiendo a un tiempo asistir a los dos, envió a otro sacerdote con el Viático, el cual no halló en la estancia de aquella buena mujer ni criados ni muebles preciosos, y acaso estaba echada por su pobreza en un poco de paja; pero vió el cuarto lleno de resplandor y cerca de la moribunda a la Reina de los Ángeles, consolandola y enjugándole con un lienzo el sudor de la muerte. Por respeto a tan gran Señora no se atrevía a entrar; pero la Virgen le hizo señas para que entrase, y le mostró un banquillo para que, sentado en él, oyese la confesión de su sierva, la cual se confesó, recibió con gran devoción el Santísimo Sacramento y, a poco, entregó su alma dichosamente en brazos de la Madre de Dios [Chrisog., Mond. Mart., p. 2, d. 38.]"


San Alfonso María de Ligorio, libro: Las glorias de María, capítulo II.

Etiquetado:  alimento para el alma

Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.