Aportaciones de Don Rafael María Molina Sánchez, historiador.


La Reina de Cielos y Tierra se dirigía a mi como si me dijera: “Querido Rafa, estoy aquí, quiero que me conozcas. Quiero que sepas que soy tu madre y que te amo”. Me sentí profundamente conmovido.

La Madre de Dios, extendió su manto protector sobre la División Azul, que también la honraban rezando el Santo Rosario.

La Santísima Virgen reveló también a Santa Matilde la importancia de rezar las 3 Avemarías prometiéndole a ella y a todos los que las rezaran, su asistencia en la hora de la muerte y una especial protección durante la vida.

Un gran rey de la España medieval, cuyo reinado se caracterizó por la lucha implacable contra la presencia musulmana.

La Santísima Virgen María fue Reina de los mártires porque su martirio fue más cruel y más prolongado que el de todos ellos.

El cuerpo de la Virgen María brilla en el Cielo con una belleza y un resplandor absolutamente radiantes pues cuanto más unida está el alma a la luz de Dios Nuestro Señor, tanto es más hermosa, clara y resplandeciente la carne que anima.

La modestia exterior sólo puede proceder de la interior. Es cierto que también se puede fingir durante algún tiempo con una actitud hipócrita, pero sino procede del interior pronto quedará en evidencia.

Tengamos siempre presente que nunca estamos solos porque en María tenemos una Madre que siempre vela por nosotros.

La meditación diaria aunque sea muy breve de sus 7 dolores, rezando una Avemaría tras cada uno de ellos es un pequeño esfuerzo que puede ser una magnífica inversión para nuestra alma cuando llegue el momento de nuestra muerte.

Dios Nuestro Señor y la Virgen Santísima no dejan sin castigo las Ofensas a la majestad Divina.

La inmensa figura de la Santísima Virgen María se convirtió en ejemplo y modelo de virtudes. La mujer que por su amor hacia Dios, su abnegación y humildad fue coronada como Reina de Cielos y Tierra, Madre de Dios y madre nuestra.

Tengamos siempre presente que nunca estamos solos porque en María tenemos una Madre que siempre vela por nosotros y que sólo quiere que le devolvamos una parte del inmenso amor que siente por nosotros.

Ese libro es “LAS GLORIAS DE MARÍA” de San Alfonso María de Ligorio.