Confianza en Dios.


Confianza en Dios.

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Nosotros los humanos por nuestras limitaciones naturales, por nuestra incapacidad necesitamos confiar en alguien, el problema surge cuando confiamos en quien nunca tuvimos que haber confiado.

“Entró, pues, en una barca, acompañado de sus discípulos; y he aquí que se levantó una tempestad tan recia en el mar, que las ondas cubrían la barca; mas Jesús estaba durmiendo; y acercándose a él sus discípulos le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos. Díceles Jesús: ¿De qué teméis, oh hombres de poca fe? Entonces, puesto en pie, mandó a los vientos y al mar que se apaciguaron, y siguió una gran bonanza.” Mateo VIII-23

Nosotros somos la obra de Dios, el mundo en que vivimos, la naturaleza, el universo con todo lo que tiene es obra de nuestro Padre que está en los cielos, nuestra vida y nuestra muerte está en sus manos, la vida de nuestros enemigos, todo, absolutamente todo se encuentra en las benditas manos de la Divina Providencia; ¿en quién tenemos que confiar?...

Como humanos que somos, temerosos de lo desconocido, confiamos en bienes perecederos porque somos hombres de poca fe.

Cuando salimos a la carretera, confiamos más en el carro, en la pericia del chofer, en las condiciones humanas, que en Dios; cuando enfermamos, confiamos en un buen doctor, un buen hospital… porque somos hombres de poca fe.

Ante todo debemos poner toda la confianza en Dios Nuestro Señor, que ha permitido esa dificultad para nuestra santificación y en primer lugar debemos recurrir a nuestro Padre celestial para implorar misericordia y remedio a nuestras necesidades, después, nunca antes, recurrir a los medios que están a nuestro alcance.

Hay una muy bonita oración que se acostumbra rezar junto con la bendición de los alimentos, dice: Que la Divina Providencia se extienda en todo momento, para que nunca nos falte: casa, vestido, salud y sustento, ni los santos sacramentos en la hora de la muerte. Amén. El hombre que tiene un buen sueldo, un trabajo seguro, una buena casa, algunas veces dice a sus adentros: ¿Cuando me faltara casa?, ¿Cuando me faltara la comida? Lo siento por los pobres… y lo dicen no por maldad, no por dudar de Dios, lo piensa porque sin darse cuenta  su confían la tienen en los bienes materiales.

Por el contrario el pobre campesino, que por casa tiene un pequeño tejaban con paredes de madera, que solo cuenta con un humilde sueldo de cien pesos al día, con cinco, ocho hijos que mantener, sin seguridad médica, sin un trabajo seguro, ¿en quién puede poner su confianza?... en ese padre amoroso que tenemos en el cielo, que nunca desampara a sus hijos; por eso dice el evangelio: “En verdad os digo que difícilmente un rico entrará en el reino de los cielos. Y aun os digo más: Es más fácil el pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de los cielos.” Mateo XIX-23

Algo paradójico, el rico rara vez es generoso con el pobre, con la casa de Dios y su riqueza se la atribuye a su talento, a su esfuerzo, a la industria humana, muy rara vez le agradece de corazón a Nuestro Divino Redentor todos los beneficios recibidos, ¿Por qué?... Es más fácil el pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de los cielos…

Qué extraño, desconcertante… la vida del hombre de hoy es hacerse rico, o por lo menos tener una buena vida, que materialmente no le falte nada, y eso, lo aleja de su salvación eterna. Por otra parte, el hombre con principios cristianos quiere entrar en la gloria eterna, desde luego, sin sufrir pobreza…

Claro, el hombre siempre justifica su actitud con muchos razonamientos, tener dinero no para mi, para defender la obra de Dios, para ayudar, para dar caridad, además hay muchos santos que fueron ricos, todo depende del enfoque que le den, ahora, los pobres son pobres por flojos… y tantas ideas, que lo único que alcanzo a ver es miedo a la pobreza.

“Estad alertas, y guardaos de toda avaricia: que no depende la vida del hombre de la abundancia de los bienes que él posee. Y en seguida les propuso esta parábola: Un hombre rico tuvo una extraordinaria cosecha de frutos en su heredad; y discurría para consigo, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo sitio capaz para encerrar mis granos? Al fin dijo: Haré esto: derribaré mis graneros, y construiré otros mayores, donde almacenaré todos mis productos y bienes, con lo que diré a mi alma: ¡Oh alma mía!, ya tienes muchos bienes de repuesto para muchísimos años: descansa, come, bebe, y date buena vida. Pero al punto le dijo Dios: ¡Insensato!, esta misma noche han de exigir de ti la entrega de tu alma: ¿de quién será cuanto has almacenado? Esto es lo que sucede, concluyó Jesús, al que atesora para sí, y no es rico a los ojos de Dios.” Lucas XII, 15-21

Nosotros debemos confiar plenamente en Dios, solo en el Señor Omnipotente debemos abandonarnos plenamente, absolutamente y buscar por todos los medios el reino de los cielos, y todas las demás cosas se os darán por añadidura.

Ahora bien, esto que vamos platicando de confiar en Dios, ¿a quién le conviene?... únicamente a nosotros, ahora ¿Cuánto podemos tener?, sin ofender a ninguno, pero le lloramos a una miseria, fuéramos dueños de muchos reinos, bastas propiedades, pero, mal que bien vamos al día. Y entonces ¿Por qué se nos hace imposible? No nos va pasar nada, vamos a ser los mismos pero más felices, ¿Por qué? Porque hacemos la voluntad de Dios; te hago una pregunta: ¿alguna vez has compartido el pan con el pobre?, ¿has vestido a un pobrecito?... ¿nunca le has comprado unos zapatos a un niño pobre?... uno se siente bien contento, experimenta una alegría en el corazón, y sabes, tal vez no me creas, pero hasta el dinero rinde más, cuando lo haces de corazón…

Queridos hermanos, como nos engaña el mundo… siempre pensamos que la felicidad está muy lejos, que necesitamos hacer mucho, que el cariño se demuestra con mucho dinero, que a los hijos hay que darles cosas buenas y la verdad, creo, muy en lo personal que no es así, hay cosas tan sencillas, tan fáciles, como por ejemplo: vivir en gracia de Dios, tener a Dios en tu corazón, te pido de favor, que te detengas un poco, que pienses en esto: tener a Dios en tu corazón…

Tener a Dios en tu corazón, no es que me haga muy sentimental, ni cursi, es la verdad, y si ese Dios que está en mi corazón o en el tuyo, no por méritos personales, únicamente por la gracia de Nuestro Señor, si a ese Dios que vive en mí lo cuido, lo atiendo, platico con Él y si me brinda sus consuelos ¿Que me puede faltar?... Dios quisiera que así fueran todos los días de nuestra vida, pero estamos tan ciegos, tan faltos de fe, que por una bagatela, por una contrariedad nos dejamos llevar, nos envolvemos y lo perdemos, que pena…

Pidámosle a Dios Nuestro Señor la gracia de poner toda nuestra confianza en Él, aun cuando uno sea el hombre más pecador sobre la tierra, confiemos no en nuestra vida, confiemos en ese padre amoroso que tenemos, en esa Madre Santísima, reina de nosotros los pecadores, que nos cuidad tanto… locos debemos estar para no confiar en ellos.

Quiero compartir con Ustedes esta pequeña oración: Madre mía Inmaculada: bendíceme con una bendición de pureza, que me aleje de todo pecado; con una bendición de fidelidad, que me haga cumplir todos mis deberes; con una bendición de amor, que me haga amaros como a Madre; con una bendición de Madre, que me haga amar de corazón a Jesucristo. Amén.


Que Dios y María Santísima nos bendiga