Del monje que juzgo a sus hermanos.


Del monje que juzgo a sus hermanos.

“Casiano cuenta del abad Maquete, que tratando y enseñando que no habíamos de juzgar a nadie, contaba de si que había él juzgado a los monjes particularmente de tres cosas.

La primera era que a algunos monjes se les hacía  en lo interior de la boca una hinchazón que les daba mucha pena y ellos para librarse de ella se la curaban y hacían abrir, lo cual juzgaba él por falta y poca mortificación.

La segunda, que algunos, aflojando un poco en el rigor de la vida áspera, que hacían, por alguna necesidad que tenían, usaban de una manta hecha de pelos de cabra para acostarse sobre ella o cubrirse, y juzgaba él que era esto demasiado regaló contra el rigor que como monjes debían guardar.

La tercera, que venían hombres seglares y movidos de devoción, pedían a los monjes que les diesen aceite bendito, y ellos lo bendecían y se lo daban; y parecíale a él que esto era mucha presunción y dar a entender que eran santos.

Y confiesa él mismo que, en castigo de estos juicios culpables, Dios le había dejado caer en todas tres cosas, y que había hecho lo mismo que condenaba en los otros; porque él tuvo la hinchazón de la boca y compelido del gran dolor y tormento que le causaba y de la amonestación de los mayores, se la curó e hizo abrir; y por necesidad de esta misma enfermedad usó de la dicha manta; y constreñido de la grande instancia e importunación de los seglares, les dio también aceite bendito.

Y concluye amonestando a todos con su ejemplo, que teman y huyan con gran cuidado este vicio, diciendo que vendrán a caer en lo mismo que juzgaren, como a él le aconteció.” 

Ejercicios de perfección y virtudes cristianas, San Alonso Rodríguez, Tomo I, Tratado 4° Cap. XVII pág. 277