La muerte laica.


La muerte laica.

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


El momento más importante del hombre sobre la tierra, el tiempo trascendental, es el último instante de su vida, el momento de la muerte. 

Cierto, que el morir es el fruto de la vida del hombre: "Como se vive se muere" reza el adagio. 

La muerte profana, la muerte neutra, la muerte laica, sin sacramentos, sin sacerdote, sin Dios; hoy día es lo ordinario en el mundo. 

Es una realidad, los bautizados mueren sin sacerdote, sin crucifijo, sin oír el santo nombre de Jesús; y la familia, que algunas veces frecuenta los sacramentos, en una aparente tranquilidad, atendiendo más de la industria humana [salud del cuerpo y hacienda] que de la salud del alma. 

Debe reformarse esa costumbre extendida en nuestros días, sobre todo en los que profesan la religión católica. 

¿Qué debe hacerse? 

1º Informar al enfermo de su estado real [peligro de morir] para que prepare su alma para entregar cuentas a Dios Nuestro Señor; no crear falsas ilusiones: "te vas a componer, vas a estar bien, los médicos van encontrar una medicina, etc." Va a suceder lo que Dios quiera, en tanto cuanto, prepara tu alma. 

2º Debe llevarse al sacerdote para que le prepare a bien morir: Confesión, extrema unción, comunión, indulgencia plenaria en articulo de muerte. 

3º Tener cerca del enfermo agua bendita, imagen bendita, oraciones; evitar amistades o visitas de quienes [existe pecado] pláticas profanas y mucho menos, pecaminosas. 

4º Rezar con perseverancia el Santo Rosario a Nuestra Señora la Virgen María; imponer el Escapulario de la Virgen del Carmen, consagrar al enfermo a San José, patrón de la buena muerte.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.