¿Qué haces con tu vida?


¿Qué haces con tu vida?

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

Las personas viven con tanta prisa, compromisos humanos, objetivos materiales,  que han perdido el sentido de la vida; han cambiado a Dios por una bagatela. Esta vida sin sentido, nos da un vacío, una desolación; ¿Para qué tanto trabajar si no agradecen? ¿Cuánto esfuerzo tirado en un momento?... Alma Cristiana que les estas palabras: ¿Qué haces con tu vida? ¿Qué buscas? ¿Dónde dejaste a Dios?...

Actualmente nuestra vida está volcada a los bienes materiales, preocupaciones, vanas alegrías y una falta de correspondencia a nuestros sacrificios.Dice Nuestro Señor: 

“No podéis servir a Dios y a las riquezas. En razón de esto os digo: No os acongojéis por el cuidado de hallar qué comer para sustentar vuestra vida, o de dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. Qué ¿no vale más la vida, o el alma, que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad las aves del cielo cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho más sin comparación que ellas? ” Mateo VI, 24 -26

“Así que, buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura.” Mateo VI, 33.

Vivimos según nuestra generación, conforme a nuestra época, pero debemos darnos cuenta que ésta forma de vivir nos está acabando. Primero esta Dios, debemos respetar ese orden puesto por el Creador: “Amaras al Señor Dios tuyo y de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente: este es el máximo y primer mandamiento;” Mt. XXII, 36.

Al invertir el orden establecido por Dios, perdemos el rumbo y empezamos a vivir simplemente para nosotros o para los bienes materiales, cifrando en ellos nuestras penas y alegrías; aquí está el problema, de aquí parte el vacío existencial, nuestra desolación, las cosas materiales nunca llenaran nuestro corazón que se hizo para Dios. 

Queridos hermanos, que nos preocupa si la gente agradece nuestros sacrificios o no, las cosas debemos  hacerlas  para Dios, para qué tantas prisas, preocupaciones por cosas que no valen la pena. “Así que no estéis acongojados cuando buscáis de comer o de beber; ni tengáis suspenso o inquieto vuestro ánimo; los paganos y las gentes del mundo son los que van afanados tras de esas cosas: bien sabe vuestro Padre que de ellas necesitáis.” Lucas XII, 29-30

Debemos vivir según la voluntad de Dios, conformes con la vida que nos toque vivir, complaciéndonos más en los bienes espirituales que en los materiales; viviendo en gracia de Dios, socorriendo a los pobres, ayudando a las viudas, perdonando de corazón las injurias que nos profieran, haciendo oración de día y de noche, haciendo muchas obras de caridad; Esta vida es la verdadera vida, oculta como la casa del Señor San José.

Hermano en Cristo, no necesitas un carro nuevo, ni una casa amplia y agradable, no necesitas una televisión ni ganar mucho dinero; lo único que necesitas es que ésta noche, te pongas de rodillas y le pidas perdón a Dios con todo tu corazón y empieces una nueva vida de unión con Cristo hasta tu muerte. Solo Dios te dará la paz que el mundo no puede dar. Qué fácil es ser feliz, no te parece… pero los hombres  desprecian esta vida  tan sencilla.

El mundo quiere que todos lo vean, que lo alaguen, porque tiene una sed   de poder, de gloria, de honores, de aplausos; aun y cuando su corazón está frío como una piedra, solo en medio de la gente, pobre en medio del dinero. Las almas están lanzadas hacia lo exterior, a lo pasajero; por eso están vacías, insatisfechas, desilusionadas.

"Miserable serás dondequiera que fueres y dondequiera que te volvieres, si no te convirtieres a Dios.¿Por qué te afliges de que no te suceda lo que quieres y deseas? ¿Quién es el que tiene todas las cosas a medida de su voluntad? Ni yo, ni tú, ni hombre alguno sobre la tierra.Ninguno hay en el mundo sin tribulación o angustia, aunque sea rey o papa. Pues ¿quién es el que está mejor? Ciertamente el que puede padecer algo por Dios” Imitación de Cristo, L 1, Cap. XXII

Lo primero que tenemos que hacer es poner todo en las manos de Dios como de quien depende todo; no pecar, vivir en gracia de Dios. No olvidemos que el pecado es la fuente de todos los males, muy a éste propósito escribía San Francisco Javier a San Ignacio antes de emprender un viaje muy peligroso a Japón: “Aunque camine, no solo en tierra de bárbaros,  mas aún en el mismo reino del demonio, ninguna barbaridad o rabia del demonio me podrá dañar, si no es con permiso y licencia del Señor; y así sólo una cosa temo, que es ofender á Dios; porque si no le ofendiere, me prometo segura victoria de todos mis enemigos” Vida y milagros de S. Francisco. Javier, pg. 203

Ruego a Dios Nuestro Señor que retire la venda de nuestros ojos, cegados por la astucia de Satanás en el remolino de éste mundo, y quiero compartir con Ustedes esta humilde oración: “Despójame, Señor, de mis impresiones confusas, contradictorias, tumultuosas; que ya no me turbe el ruido de los acontecimientos exteriores y que viva como muerto al mundo: Mundo huic mortuus.”


Que Dios y Marías Santísima nos bendiga.