Tres engaños trae el olvido de la muerte.


Tres engaños trae el olvido de la muerte.

  Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Mira aquel hombre del que nos habla el Evangelio, el cual, hablando con su alma, le decía: Alma, muchos bienes tienes y guardados para muchos años; descansa, come, bebe y date a los placeres. Y luego le dijo Dios: Necio, esta noche te pedirán el alma; las cosas que allegaste, ¿de quién serán?...

1º El primer engaño es prometerme muchos años de vida y echar trazas de lo que tengo que hacer en ellos, como si esto dependiera solamente de mi voluntad y no de la de Dios, el cual, quizá, tiene trazado de quitarme la vida en la misma noche o día en que pensaba yo que sería muy larga, y con esto deshace mis trazas. Por lo cual me reprenderé con las palabras de Santiago Apóstol, diciendo: ¿Cómo te atreves a decir: Mañana iré a tal ciudad, y estaré allí un año, negociaré y saldré con ganancia; y no sabes lo que será de ti mañana? Porque tu vida es un vapor que presto se deshace.

2º El segundo engaño es prometerme, no solamente larga vida, sino asegurarme que tendré salud, fuerzas y contento con los bienes que poseo, y que ellos también durarán tanto como yo. De donde procede que con la obra exhortó a mí alma y le digo: Descansa, come, bebe, date a banquetes y placeres, que nada te faltará. Lo cual es un gravísimo engaño, porque todo depende de Dios, el cual me puede quitar los bienes antes de que se me acabe la vida, y cuando no los quite, me puede quitar la salud y fuerzas, de modo que no goce.

3º El tercer engaño es olvidarse de proveer lo necesario para la otra vida, como si no hubiera más que está presente, y ésta fue la más calificada necedad de ese rico, porque habiendo proveído a su alma de tantos bienes para pasar esta vida temporal, totalmente se olvidó de proveerla de los bienes necesarios para la vida eterna; por lo cual es forzoso que la desventurada alma que en esta miserable vida comía, bebía y banqueteaba, después padeciese perpetua hambre y sed y eterna miseria.

Evangelio de San Mateo VI, 16-21

“Cuando ayunéis no os pongáis tristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Mas tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava bien tu cara, para que no conozcan los hombres que ayunas, sino solamente tu Padre, que está presente a todo, aun lo que hay más secreto; y tu Padre que ve lo más secreto te lo premiará. 

No amontonéis tesoros en la tierra, donde el orín y la polilla los roen, y donde ladrones los desentierran y los roban. Mas atesorad para vosotros tesoros en el cielo, donde no hay orín, ni polilla que los consuma; ni tampoco ladrones que los desentierren y los roben. Porque en donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.” Evangelio de San Mateo VI, 1-4

“Guardaos bien de hacer vuestras obras buenas en presencia de los hombres con el fin de que os vean, porque no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando hicieres limosna, no hagas tocar la trompeta delante de ti, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, a fin de ser honrados por los hombres. En verdad os digo, que los tales recibieron ya su recompensa. Más tú, cuando des limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea oculta, y tu Padre que ve en lo escondido, te lo premiará.”



Dios te bendiga