El Rosario salvador de las almas.


Ave María Purísima, Sin pecado original concebida.


"No hay nada más divino, en opinión de San Dionisio, nada más noble ni más agradable a Dios que cooperar a la salvación de las almas y derribar las máquinas del demonio, que intenta perderlas; éste fué el motivo por el cual descendió el Hijo de Dios a la tierra. Derrocó, en efecto, el imperio de Satanás con la fundación de la Iglesia; pero este tirano rehizo en parte sus fuerzas, y en el siglo XI, XII y XIII ejercía cruel violencia sobre las almas con la herejía albigenses, por los odios, disensiones y vicios abominables que hacía reinar en el mundo.

¿Qué remedio cabía contra este desorden, como no fuera el de abatir las fuerzas de Satanás?... La Santísima Virgen, protectora de la Iglesia, dió como medio eficaz para apaciguar la cólera de su Hijo, para extirpar la herejía y reformar las costumbres de los cristianos la Cofradía del Santo Rosario, que, según los hechos demostraron, renovó la caridad, la frecuencia de sacramentos de los primeros siglos de la Iglesia y reformó las costumbres de los cristianos. 

El Papa León X dice en su bula [4 de octubre de 1520] que esta Cofradía fué fundada en honor de Dios y de la Santísima Virgen, como un muro para contener las desgracias que iban a caer sobre la Iglesia. 

Gregorio XIII dice que el Rosario fué inspirado como favor especial de la Santísima Virgen para abrirnos más fácilmente el cielo. 

Paulo III y el Beato Pío V [17 de septiembre de 1569] declaran que el Santo Rosario fué establecido y dado a los fieles para procurarles con más facilidad el descanso y consuelo espiritual. ¿Quién despreciará el ingreso en una Cofradía instituída con tan nobles fines?

El Padre Domingo, cartujo, muy devoto del Santo Rosario, vió un día el cielo abierto y a toda la corte celestial, ordenada admirablemente, oyendo cantar el Rosario con arrebatadora melodía, honrando en cada decena un misterio de la vida, de la pasión o de la gloria de Jesucristo y de la Santísima Virgen, y advirtió que cuando pronunciaban el nombre sagrado de María hacían una inclinación de cabeza, y al de Jesús hacían todos una genuflexión y daban gracias a Dios por los grandes beneficios concedidos al cielo y a la tierra, y rogaban por los que practican esta devoción. Vió también innumerables coronas de bellísimas flores para los que rezan devotamente el Santo Rosario, y que cuantas veces lo rezan se hacen una corona, con la que serán engalardonados en el cielo."

San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Santo Rosaio, Rosa XXIX.


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