La Iglesia siempre se ha refugiado en la Santísima Virgen.


"La Santísima Virgen María y los tiempos calamitosos para la Iglesia. En tiempos críticos y angustiosos ha sido siempre el principal y solemne cuidado de los católicos refugiarse bajo la égida de María y ampararse a su maternal bondad; lo cual demuestra que la Iglesia católica ha puesto siempre y con razón en la Madre de Dios toda su confianza. 

En efecto, la Virgen, exenta de la mancha original, escogida para ser Madre de Dios y asociada por lo mismo a la obra de la salvación del género humano, goza cerca de su Hijo de un favor y de un poder tan grande, que nunca han podido ni podrán obtenerlo igual ni los hombres ni los ángeles. 

Así, pues, ya que le es sobremanera dulce y agradable conceder su socorro y asistencia a cuantos la pidan, desde luego es de esperar que acogerá cariñosamente las preces que le dirija la Iglesia universal.

Mas esta piedad, tan grande y tan llena de confianza en la Reina de los Cielos, nunca ha brillado con mas resplandor que cuando la violencia de los errores, el desbordamiento de las costumbres, o los ataques de adversarios poderosos, han parecido poner en peligro la Iglesia de Dios."


Papa León XIII, Encíclica: Supremi apostolatus, 1 de septiembre de 1883.

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