Instrucción religiosa


Nadie ama lo que no conoce: para amar, defender, y tener devoción verdadera, debe instruirse en la Doctrina Católica.

En toda alma predomina uno de estos espíritus: en los perversos, el espíritu diabólico; en los tibios, el espíritu naturalista. En los caminos del Señor, predomina el espíritu de Dios, aunque se mezcle a ratos el espíritu humano e incluso el diabólico.

La mayor parte de las almas que viven en medio de tentaciones piensan que andan muy mal; las que tienen la desgracia de caer, creen que todo está perdido; las que viven en desolaciones se figuran que tienen la culpa de que Dios las haya abandonado.

A las veces nos imaginamos los santos de una manera irreal, sobre todo por ciertas biografías, en especial las antiguas, que nos pintan los santos como seres del otro mundo que no tienen absolutamente el menor movimiento de pasiones, la menor miseria, la menor falta...

Sentado ya a la mesa con apariencia de benevolencia entre otros platos, le administraron uno con mortal veneno. Reveló le el Señor al Santo, antes que lo probase la detestable alevosía de aquellos, y sin mostrar enojo, con toda paz, y mansedumbre, les reprendió la traición, que con capa de amistad, habían intentado.

Muchos son por consiguiente, los que, en lugar de cultivar el amor de Dios, fomentan la estima exagerada de sí mismos; de sus cualidades; buscan la aprobación y alabanza de los demás; no ven los defectos propios, dedicados a aumentar los de los demás.

Siempre que veamos que el desaliento se acerca a nosotros, tengamos por cierto de que por ahí anda el diablo.

“Alegraos, decía el Santo, cuando subiendo al púlpito advirtiereis que hay poca gente, y que todo vuestro auditorio se reduce a un puñado de personas.”

¿Qué sería de las almas buenas sin la tribulación? Quedarían siempre llenas de mil imperfecciones, y no pasarán jamás los términos de una virtud vulgar.

Cada quien tiene que ir al cielo con la cara y con el carácter que Dios le dio; ni modo de cambiar una y otra cosa.

Di que no quieres aceptarlo, di que no quieres sufrir lo que lleva consigo lo que te propongo, pero no digas que no eres capaz; ¡si Yo te lo estoy ofreciendo!...

Si se impidieran muchos males, muchos bienes desaparecerían del universo, no existiría la paciencia de los mártires si no existiera la persecución de los tiranos.

El mundo es muy hábil para aparentar hacer el bien, buscando su beneficio, a lo cual se le llama prudencia y astucia humana; esa manera de obrar a conveniencia es de soberbia, al margen de Dios, terminando en el infierno.