Cómo intentaron envenenar a San Antonio.


12 Sep
12Sep


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



“Viendo los herejes la cruda guerra, que con su predicación, y milagros les hacia San Antonio, y los muchos que con la maravillosa eficacia de sus palabras, quedaban convencidos de sus errores, aborreciéndolo de muerte, y así trataron no pocas veces quitarle la vida; pero quedaron milagrosamente impedidos los efectos de su crueldad, y malicia; porque Dios reservaba al Santo para otros fines, manifiestos a sola su Divina Providencia. Sobre esto le sucedieron, entre otros los casos siguientes.

Convidaron ciertos herejes al Santo un día a comer, fingiendo amistad, y con pretexto de conferencias en la fe, y como a estas nunca se negaba, confiando siempre con firmeza sacar de ellas algún fruto, y que Dios había de darle palabras, y razones para persuadir el crédito de sus verdades infalibles, como lo tenía ofrecido por su Evangelio, y a sus Ministros, admitió el convite. Sentado ya a la mesa con apariencia de benevolencia entre otros platos, le administraron uno con mortal veneno. Reveló le el Señor al Santo, antes que lo probase la detestable alevosía de aquellos, y sin mostrar enojo, con toda paz, y mansedumbre, les reprendió la traición, que con capa de amistad, habían intentado.

Quedaron los herejes confusos, y corridos, viendo descubierta su malicia, y pretendieron honestarla con otra engañosa cavilación, diciendo: Es verdad Antonio, que este plato tiene veneno, pero se te ha puesto de intento, no para quitarte la vida, sino para que con la experiencia queden acreditadas las palabras, que Cristo dejó escritas en San Marcos, asegurando a sus Ministros, de que aunque gustasen mortal ponzoña, no les haría daño alguno. Ahora pues, hemos de ver experimentada la firmeza de esta promesa, si tú (siendo Ministro verdadero del Evangelio) pruebas con seguridad este veneno, sin temer, ni recelar algún peligro. 

Más escandalizado quedó el Santo del redoble de esta malicia, viendo, que para paliar sus errores, torcían la inteligencia de las Sagradas Escrituras, pretendiendo reducirlas a experiencia su loca temeridad, haciendo fuerza en la corteza, que mata, y no en la médula, que da vida. 

No es necesario (les dijo) que en lo material se verifique siempre este Texto Evangélico, que habéis alegado: obrará Dios este milagro, cuando pareciere a sus inescrutables decretos conveniente…

No disputemos ahora sobre estos puntos (replicaron los herejes) lo que decimos es que si no viéremos que comiendo de este plato envenenado, quedas libre, no queremos dar fe a las proposiciones, que nos predicas, como artículos de Fe, que profesa la Iglesia Romana, pero si comes de él, y no te hace daño, nos daremos por convencidos, y creeremos en tu doctrina.Vino bien el Santo en estas capitulaciones, abrazado en deseos de salvar aquellas almas, hizo la señal de la Cruz sobre el plato, diciendo: No por tentar a Dios, en quien creo firmemente, sino porque conozcáis su omnipotencia, y salgáis de vuestro engaños, comeré de esta vianda emponzoñada. Comiola e hizo en su cuerpo el efecto, como si fuera un cordialisimo remedio. 

Espero el Santo algún tiempo, para que quedasen más certificados del milagro, y luego les ejecutó por la palabra, que le habían dado, de reducirse a la verdadera Fe, como lo hicieron muchos, detestando sus perniciosos errores.”



Padre Fray Miguel Mestre, Vida y milagros del glorioso San Antonio de Padua, año de 1759, capítulo V, página 83.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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