Debemos padecer como hombres.


Considerad la necesidad indispensable en que os halláis, de haber de padecer mientras sois hombre. ¿Y para qué otro fin habéis venido al mundo, que para sufrir? Nace el hombre para el trabajo, como la ave para volar. Job. V, 7. Todas las otras cosas os son accidentales, solo el padecer os es propio. Apenas salisteis a la luz, como una flor sobre la tierra, cuando comenzaron a hallaros mil males. Sale a luz manera de una flor, y luego es ajado y atribulado. Job. XIV, 2. 

Y así servirán aun para oprimiros mientras viviereis. El santo Job, que en esta ciencia del sufrimiento, así por la teórica, como por la práctica, tiene un puesto muy aventajado, nos figura al hombre como un gran vaso que se va siempre llenando de miserias; de tal manera, que cuanto sale de él por un lado, tanto le entra por otro. Viviendo poco tiempo, se llena de muchas miserias. Job. XIV, 1. 

Notad bien la propiedad de hablar. No dice Job, se llena como quiera, sino repletur, se llena y vuelve a llenarse hasta rebosar: porque no se llena a manera de un pozo, del cual más se seca, tanto mas acude de su vivo manantial. Vos os dejáis lisonjear de la esperanza de sacar de una vez este manantial, y no echáis de ver que el huir un trabajo mas ligero, es encontrar luego otro más grave. Como un hombre que huyendo de un león, tropieza con un oso. Amos V, 19. 

Huiréis un león, terrible a quien le resiste; y manso a quien se le sujeta; y encontraras un oso, que aun cuando os divise postrado en tierra, se enfurecerá más que nunca contra vos. Y así cuando cesen las enfermedades, cuando no os aflijan los climas, cuando no os persigan las criaturas, dentro de vos está la guerra, la sedición, el tumulto por vuestras pasiones desordenadas. ¿De dónde nacen vuestras luchas y contiendas? ¿Por ventura no nacen de las concupiscencias que militan en vuestros miembros? Jac. IV, 1. 

Este hombre, pues, rodeado por fuera y lleno por decirlo así, este hombre, como amasado de sus lágrimas, no se avergüenza de airarse contra los trabajos, y pretende sacudir el yugo impuesto por la naturaleza perpetuamente sobre el cuello de todos los vivientes. Pesado yugo es el que tienen sobre sí los hijos de Adán desde el día que nacen, hasta el día que vuelven a la sepultura, madre de todos los vivientes. Eccl. XL, 1. Si sois hijos de Adán, no tenéis derecho de rehusar alguna pena, que todas os están bien como hijos de un rebelde. Y así confundidos de haber andado hasta ahora del camino derecho de vuestras impaciencias, espantaos de vuestra estolidez, en escoger el ser arrastrado antes que conducido por un camino, por el cual ha de pasar necesariamente todo hombre mortal. Entró por el camino de todo hombre. IV Reg. Pedid perdón humildemente al Señor, y rogadle que en lo por venir os de fuerza para tolerar vuestras tribulaciones, con tal ánimo, que después de un breve invierno de trabajos transitorios, se levante para vos una primavera eterna de inmortales consolaciones. Pasosé el invierno, cesó la lluvia; se vieron las flores en nuestra tierra. Cant. II, 11.”


Padre Juan Pedro de Piamonti, SJ, libro: La Cruz Aligerada, año de 1738, página 15.

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