El padecer, es señal de predestinación a la gloria.


“Considerad, que toda nuestra predestinación a la gloria, es por razón de la conformidad con Jesucristo, como nos hace saber altamente el Apóstol: A los que Dios escogió para la gloria, los predestinó para que fuesen hechos conformes a su Hijo. Romanos VIII, 29. 

Nuestro Redentor, pues, desnudo sobre su Cruz, cubierto todo de llagas, harto de oprobios, sumergido en un mar de pena, y desde el primer instante de su vida mortal, hasta el último rey de dolores, no sólo es la causa meritoria de nuestra elección a la gloria: más también es la causa ejemplar para conseguirla en la ejecución; y así, quien más participa de su Cruz, está más seguro de participar de su reino. Si padeciéremos con Cristo, también reinaremos con él. 2 Timoteo II, 12.  

Esta máxima está establecida desde la eternidad en el gobierno divino, que los miembros se deben asemejar a su cabeza, y que por esto no se admita alguno en el cielo por otra puerta, que por la puerta de la tribulación; y no de una tribulación sino de muchas, y muchas juntamente. Preciso es entrar en el reino de Dios por muchas tribulaciones. Hechos XIV, 21. 

De suerte, que si para vos no hay padecer, no hay para vos paraíso. Vos os persuadís, que la herencia de Jesucristo sea sólo la gloria; pero en verdad, que os engañáis; la herencia que él ha dejado a sus escogidos, es el gozar para siempre en la vida futura, y el llorar por pocos días en la vida presente, y así no es lícito en esta herencia, parte aceptar, y parte repudiar: más en todo caso, es menester que quien acepta la eterna felicidad en lo venidero, no rehúse al presente un momento de padecer; porque es condición indispensable, que seamos glorificados si hubiéremos padecido. Si somos hijos, también somos herederos de Dios: con condición empero, de padecer con cristo para ser glorificados con Él. Romanos VIII, 17. 

Ea, pues, encendeos en un santo celo contra vuestra delicadeza, que os pone en riesgo de perder un bien inmenso. Ay, de aquellos que perdieron la tolerancia. Eclesiástico II, 16. ¿Os parece que el paraíso puede costaros jamás demasiado de caro? ¿Os podéis doler, si Jesucristo os vende su reino a aquel precio al cual él le ha comprado? Antes, si él le ha comprado con una Cruz de peso proporcionado a las espaldas de un Dios humanado, lo vende a vos por una Cruz de paja. Por tanto, si sois sabio, en vez de huir de aquí adelante la tribulación, id en busca suya, cuando ella no os busque a vos; y donde la hubiereis hallado, hacedle fiesta y pedid los parabienes a quien os ama, como se hiciera al descubrimiento de un gran tesoro. Hallado he la tribulación y el dolor. Salmo 114, 4. 

Alegraos conmigo, decid también vos, porque hallado el padecer: este estado de pobreza, de abandonamiento, de desolaciones, de angustias, cuanto me vuelve semejante a mi divino maestro sobre la tierra; tanto me da segura esperanza de haberle de ser semejante en la gloria. Si estas verdades son ahora obscuras en el tiempo, serán clarísimas en la eternidad. La tribulación causa paciencia; la paciencia prueba esperanza; y la esperanza no confunde. Romanos V, 3.”


Padre Juan Pedro Pinamonti 1703 +, libro: “La Cruz aligerada”, página 77.

Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.