La pasión del amor puede conducir al infierno.


29 Oct
29Oct

Cuán vehemente y peligrosa es la pasión del amor, y cuánto la debemos temer.

“Una de las cosas que hay más que temer, es la pasión del amor; porque como es la más principal y más vehemente de las pasiones, es más dificultosa de regir; y así es mayor peligro el peligro que corremos de ser llevados y despeñados en ella. El Bienaventurado San Agustín, L II Super Genes. Ad liter. C. 42, declara bien la fuerza y vehemencia de esta pasión, y cuanta razón hay de temerla, con dos ejemplos graves de la Sagrada Escritura.

El primero es de nuestro padre Adán. Pregunta el Santo, ¿qué es la causa, que Adán obedeció á la voz de su mujer, y quebrantó el mandamiento de Dios, comiendo del árbol prohibido? ¿por ventura fue engañado Adán, creyendo que sí comía de aquella fruta, sería como Dios, como había dicho la serpiente a Eva? No es de creer, dice, que siendo Adán dotado de tan alta sabiduría, pudiese ser engañado, de manera que creyese tal cosa; y así dice el Apóstol San Pablo: Adán non est seductus; mulier autem seducta in praevaricatione fuit. 2ª Timoteo II, XIV. No fue engañado Adán, como Eva, de manera que creyese esto; y así nota San Agustín, que cuando preguntó Dios a Eva: Quare hoc fecisti? Génesis III, 12. Respondió ella: Serpens decepit me, et comedi: La serpiente me engañó, y así comí; Pero cuando preguntó a Adán, no respondió él: La mujer, que me disteis, me engaño, y así comí; sino responde: Mulier quam dedisti mihi sciam, dedit mihi de ligno, et comedi; Señor, la mujer que me diste por compañera, me dio esa fruta, y la comí.  Cobró tanto amor y tanta afición a su mujer, que por no contristar hizo lo que le pidió; y esto no porque fuese vencido de la sensualidad y concupiscencia de la carne, dice San Agustín; porque entonces no había esa rebelión en ella, sino llevado de un amor y benevolencia amigable; por lo cual algunas veces por contentar al amigo, descontentamos a Dios; de manera que por aquí entró el pecado en el mundo, y con él la muerte y todos los trabajos.

El segundo ejemplo es de Salomón. ¿Quién, dice San Agustín, hizo caer a Salomón en tan gran desatino, que viniese a ser idólatra? No es de creer, que un hombre a quien Dios había dado tanta sabiduría, creyese que había alguna divinidad en los ídolos, ni provecho alguno en honrarlos por quien los hizo, que viniese a hacer un disparate tan grande, como adorarlos y ofrecer incienso. ¿Sabéis quién? El amor; y esto dicenoslo claramente la misma Escritura divina: Amó con ardentísimo amor mujeres idólatras, con las cuales había Dios mandado a los hijos de Israel, que no se mezclasen, porque sin duda los pervertirían, y harían que viniesen a adorar sus dioses. No obedeció Salomón a éste mandamiento de Dios, y así le sucedió lo que Dios había dicho; porque en tomando una mujer de aquellas, edificaba un templo al ídolo que ella adoraba; y en tomando otra, edificaba otro a su ídolo, y así hacía a todos los demás: ellas adoraban allí a sus ídolos, y el rey Salomón con toda su gravedad y sabiduría los adoraba también juntamente con ellas, y les ofrecía incienso, no porque entendiese que había allí que reverenciar, dice San Agustín, sino vencido y ciego del amor: Ne suas delitias, quibus deperibat, atque diffuebat, contristaret, atque diffuebat, contristaret. ‘Por no contristar sus amores, por dar gusto y contento, a las que tanto amaba: el amor pervirtió su corazón.’

Por esto los Santos y Maestros de la vida espiritual nos avisan, que nos guardemos mucho de esta pasión, y de todas las ocasiones que nos pueden llevar a eso; que aunque el amor parezca bueno, y sea con persona de mucha virtud y santidad, y aunque el trato y conversación sea de cosas buenas y espirituales, y parezca a los que así tratan, que se aprovechan y ayudan mucho en su espíritu con tal conversación; con todo eso anden con mucho cuidado y recato; porque doctrina es común de los Santos, y lo trae San Buenaventura, tomo 2 opusc. Lib. De profect. Relig. C, 27 que el amor espiritual suele fácilmente degenerar y adulterarse, y de espiritual convertirse en carnal y sensual; y aunque al principio sea vino, se mezcla después con agua, y lo que era bálsamo, se falsifica con mezcla de otros licores bajos y viles, conforme aquello de Isaías: Vinum tuum mixtum esta aqua: antes ese es el medio y el cebo, que el demonio suele tomar para engañar a uno, y llevarle poco a poco donde quiere.

Dice muy bien San Buenaventura, profect. 6 relig. C. 16. Joan c 2, v. 10, que hace el demonio en esto lo que dijo el otro arquiticlino, que al principio pone el buen vino, y después lo peor. Al principio les hace creer que todo es devoción y espíritu, y que se aprovecharán de aquella conversación y familiaridad; y cuando los tiene ya enternecidos y rendidos, y parece que hay prendas, entonces descubre su ponzoña; fue el cebo aquello primero para tomarlos en el garlito. Y no se cansa el demonio, dice San Buenaventura, de entretener mucho tiempo a uno en aquel cebo que parece bueno; todo lo da por bien empleado, a trueque de alcanzar después lo que desea, que es que el amor espiritual venga a parar en carnal y sensual. ¡O cuantos dice el Santo, process 4 de Relig. Cap. 12, han trabado conversación y amistad con algunas personas, so color de espíritu, pareciéndoles que todo aquel trato era de Dios y espiritual, que aprovechaban sus almas con aquello, y por ventura al principio era así, y poco a poco fue desdiciendo y degenerando aquel amor, y comenzaron a tratar platicas impertinentes, y cosas livianas y ridículas: comenzaron en espíritu. Y acabaron en carne: Cum spiritu coeperitis, carne consumemini. Ad Galat. 3, 13. 

Cuenta Gerson, part. 1, tract. De distinct. Verarum a falsis, signo 5, de un siervo de Dios de grandes prendas, así en letras como en virtud, que trataba con una religiosa sierva de Dios santamente, y de cosas provechosas a sus alma; pero poco a poco con la conversación y trato creció el amor: Sed non in Domino; pero no en el Señor, sino de tal manera que no se podía contentar de ir a visitar muchas veces, y estar con ella muchos ratos; y cuando no estaba con ella, apenas podía dejar de estar pensando en ella; y con todo eso estaba tan ciego el buen hombre, que le parecía no había allí ningún mal, ni engaño del demonio; porque decía él, que no le pasaba por pensamiento cosa ninguna mala, que es una excusa con que muchos se suelen cegar y andar engañados; y así lo andaba este, hasta que le fue fuerza, por cierta ocasión que se ofreció, hacer un camino largo: entonces al apartarse sintió aquel siervo de Dios, que aquel amor no era puro ni casto, y que si Dios no le quitara la ocasión con aquella ausencia estaba muy cerca de caer en grande mal; y así dice allí Gerson, tratando del peligro y engaño grande que hay en el amor, que no es oro todo lo que reluce; y refiere de una persona de mucha santidad, que decía: que no había cosa de que tuviese más temor y más sospecha, que del amor, aunque sea con personas de mucha virtud y santidad, y trae aquello del Sabio: Est via, quae videtur homini recta; et novissima ejus ducunt ad mortem: Prov. 16, 25.  Hay algunos caminos, que le parecen al hombre derechos; y no son sino muy torcidos, y que van a parar en mal; así, dice, suele ser este camino.”

San Alonso Rodríguez, Ejercicios de perfección y virtudes cristianas, Tratado IV, capítulo V.


(PDF Actualizado, se han añadido páginas) - De cuán grande es el amor que nos tiene la Virgen y cuánto merece ser amada

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