¿Por qué hay males, dolor y sufrimiento en la tierra?



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


En al vida del ser humano hay muerte, dolor, traición, enfermedad, injusticia, pérdidas irreparables, el católico con fe, ve en ello la voluntad o permisión de Dios, se aprovecha para santificarse conforme al Apóstol San Pablo: Todas las cosas son para bien de los que aman a Dios. 

El hombre sin fe, el que acostumbra a culpar al universo mundo, al que busca cualquier motivo para reclamar a Dios, todas las cosas que sucedan le aprovechan para satisfacer su intención.


¿Por qué hay males, dolor y sufrimiento en la tierra?


Dios Nuestro Señor creó al hombre con un fin específico: la bienaventuranza eterna; lo colocó en éste mundo por un tiempo determinado para amar y servir a Dios y así alcanzar su fin último, por tal motivo Dios concedió la libertad al hombre, para tener el mérito o el demérito de sus obras.

1.2. Mientras más se aparte el hombre y su conjunto de Dios, de sus sagrados mandamientos, se hace presente el pecado.

1.3. “El orden querido por Dios fue destruido por la rebelión del hombre contra Él, en definitiva todo dolor procede del pecado original, en cuyas consecuencias estamos enredados. Mientras los hombres conservaron la unión con Dios imperaba en el mundo la paz divina. Solo cuando intentaron apartarse de Dios para hacer una vida autónoma, cuando se distanciaron de la proximidad de Dios y en el puente que se tiende de Dios a la nada, se inclinaron por la proximidad a la nada, fueron víctimas del dolor. El dolor se convirtió así en la expresión de la vecindad en la nada, de la lejanía de Dios y de la vida.” Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo 1, página 660.



2º Dios Nuestro Señor que concedió la libertad al hombre, para su mérito o demérito, tiene la sabiduría para sacar aún de los males muchos bienes:

2.1. “Si se impidieran muchos males, muchos bienes desaparecerían del universo. Ejemplo: No existiría la vida del león si no existiera la muerte de animales; no existiría la paciencia de los mártires si no existiera la persecución de los tiranos. Por eso dice San Agustín en el Enchird [C.11: ML 40, 236.]: De ningún modo hubiera permitido Dios omnipotente la presencia del mal en sus obras, de no ser tan bueno y poderoso que del mal pudiera sacar un bien.” Santo Tomás de Aquino, I, C. 22, art. 2.

2.2. “Con los justos Dios tiene una providencia más sublime que con los impíos, pues no permite que le suceda algo que al final les impida salvarse; pues, como se dice en Romanos 8, 28: ‘Todo coopera en bien de los que aman a Dios.’ Y por lo mismo que no les quita a los pecadores el mal de culpa, se dice que los abandona. Sin embargo, no los abandona hasta el punto de que queden excluidos de su providencia; pues, si no fuera por su providencia, serían nada.” Santo Tomás de Aquino, I, C. 22, art. 2.

2.3. “Al no impedir el pecado de la libre voluntad creado por respecto al gran bien de la libertad, Dios puede permitir el mal moral, ya que en su sabiduría y poder puede convertir el pecado en fuente de bienes y valores (Felix culpa).” Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo 1, página 660.


3º El sentido del dolor.

3.1. “El dolor del hombre redimido es participación del dolor de Cristo, lo mismo en su tormento que en su bendición.” Nuestro Señor Jesucristo manifestó su amor y alcanzó nuestra redención por el sacrificio de la Cruz, por eso es el varón de dolores. Las cruces, padecimientos que encontramos en nuestra vida, podemos aprovecharlos para nuestra santificación.

3.2. Nuestro Señor siendo inocente, cargo con la santa Cruz y fue el medio de nuestra Redención; llevarla como “el buen ladrón” que siendo pecador, se aprovechó del dolor para salvar su alma; como Gestas, el ladrón que padeció el mismo suplicio sin mérito alguno para su salvación eterna, por falta de arrepentimiento y de las disposiciones requeridas.


4º Las gracias necesarias.

4.1. Dios Nuestro Señor en su infinita misericordia cuando permite una Cruz, aflicción o dolor en un alma, juntamente concede las gracias necesarias para santificarse con su cooperación y unión con Cristo.

4.2. Cómo los gloriosos mártires alcanzaron tan honroso título y gracias en el paraíso por la acción inicua de los enemigos de Cristo, dando en su tiempo y momento las gracias necesarias para soportar tan atroces tormentos y alcanzar la santidad para ellos y un ejemplo para nosotros.


5º El dolor en el alma cristiana nos une a Dios.

5.1. El dolor es una llamada a confiar en Dios, desde luego quien tiene fe, voluntad y deseo de su salvación eterna; por el contrario los enemigos de Cristo, quienes de todo se quejan o buscan motivos para criticar, todo les aprovecha para mostrarse contra Cristo.

5.2. El dolor nos saca de nuestra mundanidad, del amor a nosotros mismos, del egoísmo y de la falsa confianza en el mundo: siendo el dolor un castigo por el pecado, es un signo e instrumento del amor de Dios, ya que nos une –en quien así lo quiere- con las pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo para obtener frutos de santidad de vida.


6º No se debe buscar el dolor por el dolor, como tampoco buscar el martirio.

6.1. Debemos en todo momento buscar, hacer y aceptar la voluntad de Dios y lo que permite en nuestra vida, para por medio de eso, salvar nuestra alma.

6.2. No se adora el dolor, sino que se acepta como prueba de Dios, se apropia interiormente, se realiza como una obra, trascendiendo interiormente. 


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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