la verdadera humildad.


El que se retira de las obras buenas aunque grandes y luminosas, a que le llama el Señor, no se tenga por humilde, sino por desconfiado y pusilánime.

No somos humildes porque conozcamos las razones que tenemos para serlo, las virtudes morales son practicas, es decir: a la humildad se llega por la humillación.

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Fácil cosa es traer la cabeza inclinada, los ojos bajos, hablar con voz humilde, suspirar muchas veces, y a cada paso llamarse miserables y pecadores; pero si a esos los tocáis con una palabra, aunque sea muy liviana, luego veréis cuán lejos están de la verdadera humildad.

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Ninguno puede apagar, ni reprimir los movimientos y encendimientos de la carne, si no es con el fervor y gracia del Señor.

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El que se retira de las obras buenas aunque grandes y luminosas, a que le llama el Señor, no se tenga por humilde, sino por desconfiado y pusilánime.

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Pero no confundamos humildad, obediencia, mansedumbre, docilidad con bobería, con tontería, porque, lamentablemente eso es lo que acontece.

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Y hay algunos tan inmortificados en esto, que aun antes que les digan nada, ellos previenen y se excusan, y quieren dar razón de lo que les pueden oponer; si hice aquello fué por esto, y si hice lo otro, fué por esotro.

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Muchos siguen la sombra y apariencia de humildad: fácil cosa es traer la cabeza inclinada, los ojos bajos, hablar con voz humilde, suspirar muchas veces, y a cada paso llamarse miserables y pecadores; pero si a esos los tocáis con una palabra, aunque sea muy liviana, luego veréis cuán lejos están de la verdadera humildad.

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Hay quienes procuran parecer humildes, para que le honren y estimen. Pero eso no es humildad: es soberbia -de- la más refinada.

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La mayor parte de las desconfianzas y de los desalientos vienen de la falta de humildad. Aunque aparentemente se den motivos de humildad, en el fondo es la que falta.

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