La humildad cristiana es la virtud de las almas grandes.


29 Jul
29Jul

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


1º Es un error confundir la virtud de la humildad con la pusilanimidad: propia de un espíritu apagado, temeroso, cobarde. Por el contrario la humildad es andar en verdad como indica Santa Teresa de Jesús, es una persuasión racional de su propia indigencia y de su nada, lo cual le mueven a un ordenado desprecio de sí mismo, pero no odio [no tiene de qué gloriarse], inspirando y moviendo a poner su confianza tierna, devotamente en quien lo es y lo puede todo: Dios Nuestro Señor. "Qué tienes que no hayas recibido?" Escribe San Pablo Apóstol.


2º No hay virtud alguna sin el fundamento de la humildad, que atribuye todo de quien lo hemos recibido, a diferencia del soberbio que en todo se contempla, se compara, se prefiere y se coloca sobre los demás, atribuyéndose a sí mismo todo, constituyéndose en la quinta esencia del bien, en el "super yo"


3º No somos humildes porque conozcamos las razones que tenemos para serlo, las virtudes morales son practicas, es decir: a la humildad se llega por la humillación, por lo cual procura: no justificarte, no hacerte el sentido u ofendido, no se queje o esté inconforme con todo, sufrir con paciencia las humillaciones y faltas de atención.


4º La humildad no son poses, formas o exterioridades:  Muchos siguen la sombra y apariencia de humildad, fácil cosa es traer la cabeza inclinada, los ojos bajos, hablar con voz humilde, suspirar muchas veces, y a cada paso llamarse miserables y pecadores; pero si a esos los tocáis con una palabra, aunque sea muy liviana, luego veréis cuán lejos están de la verdadera humildad.


5º El justificarse y el dar excusas o pretextos es propio de almas con soberbia:  Y hay algunos tan inmortificados en esto, que aun antes que les digan nada, ellos previenen y se excusan, y quieren dar razón de lo que  les pueden oponer; si hice aquello fué por esto, y si hice lo otro, fué por esotro. ¿Quién os pica ahora que así saltáis? El estímulo y aguijón de la soberbia que tienen allá dentro en las entrañas, eso les pica y les hace saltar con eso, aun antes de tiempo.


6º Prácticas de la humildad: 

6.1. Justificar con caridad los defectos de otros, y no participar ni permitir en vuestros inferiores las pláticas sobre los defectos de otros. 

6.2. Cuando os falten en alguna cosa a nuestra persona, a ciertos deberes, no pierda el mérito de ofrecer esa pequeña humillación, por obtener la ganancia del mérito de sufrir en silencio un humillación por amor a Dios. 

6.3. Meditar con San Bernardo: Yo adoro a un Dios humillado por mi amor hasta la muerte en la santa Cruz, ¿Y no soy humilde?. 


7º La verdadera humildad no consiste en querer ser tenido por humilde; sino en querer ser reputado por despreciable y vil: ‘Verus humilis vilis vult reputari, non humilis praedicari; et gaudet de contemptu sui.’ San Bernardo.

 


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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