Ser humildes no es ser tonto.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

  

“Yo lo repito una y mil veces, la religión no es para embobarnos ni entontecernos, ni hacernos imbéciles, la religión es algo inteligente, lúcido; con luz e inteligencia divina, de sabiduría, de ciencia, de sapientia, acompañada de los dones más excelsos del Espíritu Santo. 

La tontería, la bobada, no son parte de la religión, eso es parte de nuestra miseria humana, que a veces la camuflamos de virtud. Y por eso Nuestro Señor, con esa sagacidad, previendo que a muchos se atontaría con la religión: hay que ser humildes, hay que ser obedientes, hay que ser mansos. 

Pero ser humildes, ser mansos, ser obediente; no es ser tonto, ni imbécil, ni tarado, ni estúpido, ni lo que fuera.

El ser humilde, el ser manso, el ser dócil, el ser obediente. Pero la obediencia no es la estupidez. Eso mis estimados hermanos, que quede claro.

La virtud es en la verdad, en el bien, voluntariamente asumido y ejercido, sino los mongólicos serían los más santos…

Pero no confundamos humildad, obediencia, mansedumbre, docilidad con bobería, con tontería, porque, lamentablemente eso es lo que acontece. Y hoy, peor que nunca al grito solemne de autoridad, obediencia, sumisión y todo el mundo deja ser y la religión y la Iglesia se socavan y se destruyen.

¿Entonces qué virtud puede haber ahí? Y eso es palpable, yo no quiero nombrar, pero cuántos sacerdotes: ‘no yo obedezco’ a sí tu eres tontito ¿y a que obedeces? Al bien, a la verdad o al engaño, al error y a la mentira y a la prepotencia. No nos olvidemos de eso jamás mis estimados hermanos.

Entonces eso es lo que quiere Nuestro Señor dejar bien claro: que no seamos bobitos, ni tontitos y que si los hombres de este mundo son sagaces y hasta astutos en sus negocios por bienes de la tierra, por lo menos que seamos iguales

Por eso no debe de sorprendernos que el dulce y manso Jesús, a latigazos comenzó su vida pública y a latigazos los terminó en el templo

O sea que cuando se tocan las cosas de Dios no se puede tener una actitud de miedo y menos de cobardía. Somos soldados de Cristo y debemos de ser valientes."



Parte del sermón del 8º domingo después de pentecostés del padre Basilio Méramo, año 2011.

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