¿Quién debe mandar en la familia?


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

En la mayoría de las familias hay una disimulada rivalidad por la autoridad, sobre todo en los primeros años de matrimonio, son difíciles porque francamente la madre quiere que las cosas se hagan conforme a su voluntad y el padre las deja correr  pensando que es momentáneo o cosas sin relevancia.

Comienzan por pequeñeces, simplemente el color de la casa, la marca del jabón, el programa de televisión y de ahí pasan al complicado tema del dinero ¿Quién va administrar el dinero?, ¿Quién va a corregir a los hijos?, ¿Quién determina los fines de semana?... claro, se dice: entre los dos, lo que equivale a decir que ninguno. 

Si observamos algunos matrimonios el padre dice una cosa y la madre sutilmente, veladamente, tal vez, hasta inconscientemente, empieza a enunciar una serie de objeciones, suavemente como el canto de la sirena: tu mamá regaña mucho a los niños, no los regañes tan fuerte, déjalos ver la tele, y esto todos los días que no se haga la voluntad de la mamá.

Cuando el padre de familia determina las cosas y quedan mal, peor aún: yo te lo dije, que terco eres, si me hubieras hecho caso… No es mi intención denigrar a la mujer, ni hacerla sentir mal, simplemente ¿Cuál es la voluntad de Dios? No de la familia acéfala, ni del mundo sin Dios, sino la voluntad del autor de la familia.

Normalmente en un matrimonio quien cambia es el hombre, suavemente la mujer cambia a su esposo, en la forma de pensar, de hablar, de vestirse y hasta hay algunas que se atreven a amenazar entre riza y verdad que se pueden separar si el esposo se porta mal… y conforme cobran terreno pasan a cosas más delicadas, al grado que la esposa determina la hora en que tiene que llegar el marido a su casa, su trabajo, sus compañeros… sin darse cuenta al cabo de unos años el hombre cambia completamente y el esposo manda si la mujer le da permiso… Pero la culpa la tiene el hombre, porque ha dejado de cumplir la voluntad de Dios. 

Una vez que el hombre pierde su autoridad o parte de ella, el fin del matrimonio sufre un menoscabo, porque se socava la autoridad en la familia y las consecuencias principales se ven en el fruto del matrimonio: los hijos. 

Donde no hay autoridad, donde no hay castigo, cada quien hace lo que quiere, un hijo sin autoridad paterna, ordinariamente es caprichoso, soberbio, y de aquí se desprenden muchos males para la salvación de sus almas y para la salud de la familia.

La madre no se da cuenta, pero, cada vez que contradice a su esposo, peor aún, enfrente de sus hijos, o que le falte al respeto de palabra o de obra, o que dé licencia para hacer las cosas en contra de lo mandado por el padre de familia, ella misma está socavando la autoridad de su misma familia, le está enseñando a sus hijos a no obedecer a la autoridad puesta por Dios en el matrimonio: el padre de familia; y la semilla escondida en el corazón de la mujer, no puede ser otro que la soberbia.

¿Cuál es la voluntad de Dios?

  • “Vos, esposa, habéis de estar sujeta a vuestro marido en todo: despreciaréis el demasiado y superfluo ornato del cuerpo en comparación de la hermosura de la virtud: con gran diligencia habéis de guardar la hacienda: no saldréis de casa, si la necesidad no os llevare, y esto con licencia de vuestro marido: sed como vergel cerrado, fuente sellada por la virtud de la castidad. A nadie (después de Dios) ha de amar más ni estimar más la mujer que á su marido, ni el marido más que a su mujer… La mujer obedezca y obsequie á su marido…” De Sacramento Matrimonii, Manual Toledano.

  • “Las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Señor; por cuanto el hombre es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo místico, del cual él mismo es salvador. De donde así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres lo han de estar a sus maridos en todo.” San Pablo a los Efesios V, 2.

  • “Dijo asimismo a la mujer: Multiplicaré tus trabajos y miserias en tus preñeces; con dolor parirás los hijos y estarás bajo la potestad o mando de tu marido, y él te dominará.” Génesis III, 16.

  • “Las mujeres escuchen en silencio las instrucciones y oigan las con entera sumisión; pues no permito a la mujer el hacer de doctora en la iglesia, ni tomar autoridad sobre el marido; mas estése callada en su presencia.” San Pablo a Timoteo II, 11.

  • "Mas quiero también que sepáis que Cristo es el jefe y la cabeza de todo hombre, como el hombre es cabeza de la mujer, y Dios lo es de Cristo. Todo hombre que ora o que profetiza teniendo la cabeza cubierta, deshonra su cabeza. Al contrario, mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra su cabeza, siendo lo mismo que si se rapase.Por donde si una mujer no se cubre  con un velo la cabeza, que se le rape también. Que si es cosa fea a una mujer el cortarse el pelo, o raparse, cubra por lo mismo su cabeza. Lo cierto es que no debe el varón cubrir su cabeza, pues él es la imagen y gloria de Dios; mas la mujer es la gloria del varón.Que no fué el hombre formado de la hembra, sino al contrario la hembra del hombre. Como ni tampoco fue el hombre criado para la hembra, sino la hembra para el hombre.Por tanto debe la mujer traer sobre la cabeza la divisa de la sujeción, y también por respeto a los ángeles. Bien es verdad que ni el varón por ley del Señor existe sin la mujer, ni la mujer sin el varón.Pues así como la mujer al principio fue formada del varón, así también ahora el varón nace de la mujer; y todo por disposición de Dios.” San Pablo a los Corintios XI, 3.



Con todo esto, no busco denigrar a la madre de familia, al corazón de la casa, a la fortaleza del varón; busco desde mi humilde posición ayudar a encontrar el rumbo cristiano en éste mundo pagano lleno de falsas libertades que ofenden la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, que ponen en peligro la salvación de las almas, que atentan contra el matrimonio cristiano con el falso subterfugio de estar acorde a los tiempos modernos.

Cuando hablamos de darle la autoridad al padre de familia y que éste la ejerza en bien de la familia como es la voluntad de Dios, lejos de denigrar a la madre de familia, se le honra, porque queda resguardada y protegida por su esposo y entrambos a la manera del corazón y el cerebro pueden educar santamente a sus hijos y hacer del hogar un templo de Dios, donde Nuestro Señor se complazca tanto en los padres como en los hijos, que a pesar de vivir en un mundo perverso, guardan las sagradas enseñanzas de Nuestro Divino Redentor, feliz el matrimonio donde la autoridad la ejerce el padre de familia conforme a la voluntad de Dios, bienaventurado el matrimonio que guarde la ley de Dios, dichosa la mujer que tenga un esposo que la ame y ejerza su autoridad por amor a Dios, por amor a su esposa, por amor a sus hijos.

Su Santidad el Papa Pío XII dirigiéndose a los esposos el 24 de mayo de 1939 divinamente nos enseña el camino seguro del matrimonio: 

“Si el padre es la cabeza, amará ciertamente el propio cuerpo; si la esposa es miembro, amará igualmente a su cabeza, que es la parte principal y más responsable; si los hijos son miembros, tienen perfecto derecho a que sus padres se ocupen de ellos y los hagan órganos perfectos. ¡Oh, qué unión tan perfecta y disciplinada reina en la familia cristiana cuando todos se aman en Cristo! ¡Cuán mezquino resulta el concepto de la familia enseñado y difundido en nuestros días por ideologías laicas o subversivas! Quítese a la familia uno solo de estos elementos cristianos (el amor como deber, la jerarquía, la unidad), y la familia se convierte en una fonda sin clientes, o en una cárcel para todos, o en un cubil de anarquistas: en una palabra, en un infierno. Expresión ésta que instintivamente tiene a flor de labios las víctimas de ciertas familias que expulsaron de su seno a Cristo. Es difícil realmente que fuera de Cristo exista el amor puro y espiritual, semejante al de Cristo ‘que amó a la Iglesia hasta dar su vida por ella’. ” Papa Pío XII, Fundando nuevos lares, 24 de mayo de 1939.

No se profiere ofensa a la mujer que se sujeta a su marido, queda resguardada y dignificada como la iglesia queda sublimada y divinizada por Cristo. 

Queridas esposas, no se dejen engañar por los embustes de Satanás, Ustedes al obedecer y guardar silencio, se dignifican en virtud y santidad, ganan mucha honra ante sus hijos, son el verdadero baluarte de una familia, porque la mujer sabe sufrir hasta el heroísmo, la esposa tiene un poder impresionante sobre sus hijos cuando se sabe conducir como esposa, Ustedes pueden hacer santos a sus esposos, a sus hijos con su ejemplo silencioso y con su oración abnegada, ocupen el lugar que Dios les ha asignado en su familia y eso será su honra en la tierra, su corona en el paraíso, su fortuna para la eternidad.

Que tema tan complicado en nuestros días el que vamos tratando, en otro tiempo no existía la menor duda sobre la autoridad en la familia, pero ahora, en esta gran tribulación la astucia de Satanás tiene por objetivo destruir, aniquilar, desaparecer de la faz de la tierra el matrimonio, la familia cristiana instituida por Dios, porque nuestro enemigo común sabe perfectamente que el fundamento de la sociedad cristiana, está en la familia.

Sabe perfectamente Satanás que un matrimonio donde reina Cristo es una fortaleza inexpugnable de la Iglesia Católica, un matrimonio así es fuente segura de santidad, de virtud, de piedad; no olvidemos que la familia es generadora de santos, lo que un hijo aprende en su casa, en su infancia nunca lo va olvidar, nunca, porque son los primeros año. Si ese hijo aprende  de su madre la piedad, la humildad, la santidad, ese hijo nunca en su vida olvidará esa madre santa, y será la gloria de Dios, de la Iglesia y de los padres verse en el cielo rodeado de sus hijos como renuevos de olivo con el adorno de la santidad y el elemento indispensable para todo esto es la madre de familia, que ocupe el lugar que Dios le tiene asignado, que sea el corazón de la casa, la santidad de la familia, la generadora de santos; envidiable el papel de la mujer en el matrimonio. 

Por favor, mediten estas humildes palabras, piensen no en sus intereses personales, no en los raciocinios mundanos, mediten en la gloria preparada para las madres cristianas, para las madres santas, piensen en la voluntad de Dios Nuestro Señor. 

“Sobre todo, pensad como habéis de dar cuenta á Dios de vuestra vida, de la de vuestros hijos y de toda la familia. Tened el uno y el otro gran cuidado de enseñar á los de vuestra casa el temor de Dios. Sed vosotros santos y toda vuestra casa, pues es santo nuestro Dios y Señor; el cual os acreciente con gran sucesión, y después del curso de esta vida os dé la eterna felicidad: él que con el Padre y con el Espíritu Santo vive y reina en los siglos de los siglos. Amén.” De Sacramento Matrimonii, Manual Toledano.

Para destruir la familia cristiana, Satanás ha puesto su mira en la mujer, como lo hizo en el paraíso con nuestros primeros padres, él sabe perfectamente que la mujer es el corazón de la casa, la fuente de la santidad en la familia y al corromper, pervertir, depravar a la mujer, corrompe al esposo, a los hijos, a la sociedad; que importante es la mujer cristiana, cuanto depende de ella.

Al corromperse la mujer, al perder el rumbo, su lugar en el matrimonio cristiano, busca gobernar la familia incluyendo al esposo, es decir, socava y destruye la autoridad puesta por Dios en la familia. Destruyendo la autoridad, se destruye la disciplina, el orden, la paz… Esto solo es el principio, buscará igualarse al varón en todo, que lejos de dignificarse se denigra, se rebaja y lo más grave se opone a la voluntad de Dios. ¿Qué ejemplo de santidad para los hijos, quién van en contra de la voluntad de Dios?... ¿Qué piedad puede inculcar en sus hijos?, ¿Qué humildad o qué virtud puede sembrar en el corazón de sus pequeños quien sacude de sí el suave yugo del Señor?, ¿Qué cuentas le entregara a Dios de ella y de su familia que quiso gobernar encontrar de la voluntad del creador…?

A esto debemos sumarle, la inmodestia en el vestir, esa ropa impropia de una mujer casada, esas faldas provocativas, esos escotes y otras cosas que el pudor me impide escribirlo… ese vocabulario vulgar [lamento decirlo]… y tantas cosas que me guardo en mi corazón por no ofenderlas… ¿Qué está pasando? Dios mío ten misericordia de los pobres niños, ¿Qué será de ellos, de sus padres…? Señor Jesús, ten misericordia de esas pobres familias de donde te han expulsado y en tu lugar han puesto a Satanás, Sagrado Corazón de Jesús apiádate de éste mundo sin Dios…

Virgen Santísima de Guadalupe, te pido con todo mi corazón por tu tierra tan querida, por la Nación Mexicana, enséñale a las madres tu silencio en Nazaret, tu abnegación, tu ejemplo, tu santidad… líbranos de las llamas del infierno…

“Ahora bien, toda familia es una sociedad de vida; toda sociedad bien ordenada requiere un jefe; toda potestad de cabeza o jefe proviene de Dios. Por eso también la familia fundada por vosotros tiene un jefe investido por Dios de autoridad sobre aquella que se le ha dado por compañera para constituir su primer núcleo, y sobre aquellos que con la bendición del Señor vendrán a acrecentarlo y alegrarlo, como vigorosos retoños alrededor del tronco del olivo…Si; la autoridad del cabeza de familia viene de Dios, como vino de Dios a Adán la dignidad de primer cabeza del género humano, dotado de todos los dones que había de transmitir a su progenie; por lo cual él fue formado primero, y Eva después; y, como dice San Pablo, Adán no fue engañado, sino que fue la mujer quien se dejó seducir y prevaricó. Timoteo II, 13.

La curiosidad de Eva al mirar el hermoso fruto del Paraíso terrestre, y su conversación con la serpiente ¡Cuánto daño causaron al primer hombre, a ella misma, a todos sus hijos y a nosotros! A ella, además de multiplicar los afanes y dolores, Dios le dijo que quedaría sometida al marido. Génesis III, 16.

"¡Oh esposas y madres cristianas! Nunca os tome de sorpresa la sed de usurpar el cetro de la familia. Vuestro cetro –cetro de amor- sea el que os pone en las manos el Apóstol de las gentes; el salvaros por la maternidad, con tal que perseveréis en la fe y en la caridad y en la santidad unidas a la moderación. San Pablo a Timoteo II, 15.”  SS. Papa Pío XII La jerarquía en la familia, 10 de septiembre de 1941.

Para que una familia viva en paz verdadera y estable, necesita que Cristo reine como en un templo consagrado a su Sagrada Realeza, necesitan hacer la voluntad de Dios; Un hombre y una mujer unidos más que por el amor carnal, por amor a Cristo, una autoridad asentada en el padre de familia, una esposa que santifique el hogar, una descendencia educada cristianamente y todo no por intereses mezquinos, no por amor terreno, sino, unidos por lo único que los puede sostener en este valle de lágrimas, unidos por amor a Cristo, éste es el secreto para ser felices en una familia y mediante esto alcanzar la gloria eterna.Cuando el orden establecido por Dios se entorpece, todo se trastorna, porque se apartan de la verdad, y fuera de la verdad nadie puede perdurar por mucho tiempo. ¿De dónde proviene el divorcio?,  ¿Qué origen tiene el aborto, la operación para no tener sucesión…, donde  se originan todos los problemas en una familia? Al apartarse de la voluntad de Dios, del fin dado por el creador, todo pierde su sentido, su razón de ser y el resultado no puede ser otro que el pecado, la descomposición del ser humano, la catástrofe…

Desde luego, el matrimonio y su autoridad, con las circunstancias que vamos tratando es lo ordinario. Sin olvidar, el hombre es humano y como tal, sujeto a errores.

En la vida real, la situación se complica cuando el padre de familia es un alcohólico, adúltero, perezoso, o simplemente un hombre sin carácter. Más complicado, cuando la mujer sin lugar a dudas es más capaz que su esposo, cuando tiene mayores ingresos económicos, cuando sostiene materialmente la familia… ¿Qué hacer?

La familia es un cuerpo, el padre de familia es la cabeza, la mujer el corazón y los hijos los miembros de este cuerpo. ¿Qué hacen cuando se golpean la cabeza? Verdad que inmediatamente acuden las manos y todo el cuerpo en su ayuda, y el cuerpo no descansa hasta que la cabeza vuelve a la normalidad. Todos ayudan a la parte enferma, nunca se mata el cuerpo; el caso más extremoso, grave, delicado y doloroso, es la amputación de un miembro y esto, después de haber agotado todos los medios y de estar podrida esa parte y en peligro de corromper el cuerpo entero, sólo en ese caso, podemos amputar, separar, cortar la parte que está muerta.

Mientras más pesada sea la Cruz, más gloria tendrá para el paraíso el que la carga según la voluntad de Dios. Si la madre es más capaz y aún así se somete, mayor gloria tendrá para el paraíso; nunca se le olvide una cosa a la mujer, ella es el corazón, si ella conquista santamente los corazones de su familia, ella sin ejercer la autoridad, tendrá la autoridad, no por mandato, por amor, por virtud, por santidad…

Ved a nuestra Madre Santísima en la Sagrada Familia, ella era superior al castísimo Señor San José, ella es la Madre de Dios, la Corredentora del género humano, la Reina de los ángeles, de todos los santos, la Reina de cielos y tierra… qué grande es el poder de Nuestra Señora y sin embargo es la más humildad, He aquí la esclava del Señor, le dijo a San Gabriel en la anunciación, fue sumisa, obediente en su casa y no por eso sufrió menoscabo su realeza, por el contrario, motivo de mayor honra, santidad hasta el grado sumo, al grado de que todo lo puede no por virtud propia, sino por su poder de intercesión, por eso Santo Tomás le llama la Omnipotencia suplicante. 

“Oh Virgen que superas toda alabanza: todo lo que Tú quieres, lo puedes ante Dios, de quien eres Madre; y aun cuando nosotros somos pecadores, Tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra, y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y Redentor. A tu nombre se abren las puertas del cielo; en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia. Óyenos, oh Virgen y Madre, y llévanos de tu mano a Jesús. Amén.” Oraciones a María Santísima.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

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