Aprovecha cada día para santificar tu alma.


I. Es menester prepararse a recibir de  Dios Nuestro Señor lo bueno y lo malo que nos ha de santificar; si nos envía la adversidad recibirla sin turbación, porque es un Padre que nos ama y desea nuestra salvación eterna.


II. Al comenzar el día y tus principales acciones, piensa en los peligros en los que correrás riesgo de perderte, y ponte en guardia contra esos peligros, mediante el pensamiento de la presencia de Dios, con el Ave María y recordar que has de morir.


III. ¡Cuántas veces al día podrías renunciar a tu propia voluntad, privarte de algún gusto, ejercer la caridad para con tu prójimo, elevar tu corazón a Dios, ofrecerle tus acciones! No te descuides, aprovecha cada día para santificar tu alma.

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