Combatir para ir al cielo


I. Hay que combatir para ir al cielo; es una ciudadela difícil de tomar. El camino que a él conduce está regado del sudor, de las lágrimas y de la sangre de todos los héroes del cristianismo. Si quieres juntarte a ellos en el cielo, es preciso que camines sobre sus huellas. ¿Qué sufres tú para ganar el paraíso? ¿Qué te propones hacer en lo por venir? Bien poco estimas una eternidad de dicha, puesto que nada quieres sufrir para merecerla.


II. Hay que hacer violencia a todas las más dulces inclinaciones de la naturaleza. Amamos el honor, es preciso humillarse; buscamos el placer, es menester mortificarse; amamos las riquezas, hay que privarse de ellas. La vida de un cristiano de verdad es un estado de violencia continua para con la naturaleza; ¿estás en este estado? No te creas sin embargo que esta vida esté llena de tristeza, no; no hay placer más sólido que el de privarse, por amor de Dios, de todos los placeres (San Cipriano).


III. Ánimo, pues; la gracia de Dios supera las dificultades que la naturaleza creía insuperables. La virtud es muy conforme a la recta razón, aunque parezca contraria a la razón oscurecida por el pecado. No hace falta sino un poco de energía para querer ser santo; no deliberes, resuélvete prontamente y embiste las dificultades mayores; pronto despreciarás aquello que exitaba tus deseos y despertaba tus temores. Poco es menospreciar lo que te embelesaba, desprecia todo lo que te asustaba (San Agustín).


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