Del provecho de las enfermedades.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. La enfermedad aunque es repugnante y tratamos de evitarla por razones obvias, Dios Nuestro Señor la permite por el gran provecho para la salud del alma: Purifica el alma de los pecados cometidos, nos acerca a la misericordia de Dios, nos recuerda que hemos de morir, nos hace valorar todas las cosas bonitas que Dios nos regala cada día. Procura alma cristiana pedir a Dios en la enfermedad que te conceda las gracias necesarias, la paciencia y la resignación cristiana para que sea medio de santificación para tí y para tu familia.



II. En la enfermedad tuya o de tus seres queridos, procura hacer todo lo que esté de tu parte, confiando todo a la misericordia de Dios; recuerda que por algo permite Dios las enfermedades. Abandónate en las manos de Dios, repite con frecuencia: "En tus manos pongo mi espíritu", "Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo", "Bendito sea Dios, bendito sea su Santo Nombre."



III. No temas a la muerte, es una puerta para ver a Dios Nuestro Señor, por lo cual procura confesarte, recibir los santos óleos, la sagrada comunión y la indulgencia plenaria; y con sagrada entereza y confianza en Dios Nuestro Señor dile desde el fondo de tu alma: Aquí estoy Señor, cuando gustes me voy contigo. Hágase tu santa voluntad.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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