Dime con quien te juntas y te diré quién eres.


I. 'Dime con quien te juntas y te diré quién eres' dice el refrán. Nos asemejamos a quienes frecuentamos; hacemos lo que vemos hacer. Tu salvación eterna depende, en gran parte, de aquellos con quienes vives. Si tienes ante los ojos ejemplos de virtud, practicarás la virtud; si tienes malos ejemplos, obrarás el mal. 

Oh Dios mío, decía San Bernardo, cuán agradecido estoy de que me hayáis separado del mundo. Este claustro, esta celda, esta casa, hermanos míos, todo lo que veo me lleva a la devoción. ¡Oh siglo perverso, donde se tiene vergüenza de no ser perverso con los perversos! (San Agustín).


II. Imita lo que haya de más perfecto en cada uno de tus amistades: Admira la modestia en uno, la humildad en otro, la caridad, la mortificación; No imites el mal que ves que los demás cometen.


III. No hagas lo que censurarías en otro; y cuando notes alguna imperfección en alguno de tus hermanos, mira si no tienes los mismos defectos. En una palabra, no mires las faltas de los demás, sino piensa más bien en corregirte tú mismo. 



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