Dios es nuestro Padre.



I. Dios es nuestro Padre; tiene más amor por nosotros que nuestros mismos padres, pues estos se contentan a menudo con procurarnos los bienes de la tierra y Dios nos quiere poner en posesión de los bienes del cielo. Es un Padre omnipotente, nos puede hacer bien; es infinitamente bueno, quiere hacérnoslo. ¿Qué confianza tenemos en su bondad? ¡Ah! Padre mío, he pecado contra ti, no soy digno de ser llamado hijo tuyo.


II. Si Dios es el Padre de todos los hombres, todos los hombres son hermanos y cada uno debe tener para con su prójimo una caridad verdaderamente fraternal. Los reyes y los súbditos, los pobres y los ricos son hijos de un mismo Padre y herederos de un mismo reino. A nadie desprecies, pues, ama a todos los hombres como a hermanos tuyos. Aquellos que te parecen despreciables acaso tengan una parte mejor que tú en la herencia del Padre celestial.


III. En todas tus necesidades, acuérdate de que Dios es tu Padre, ten confianza en Él: Él puede y quiere aliviar tus miserias. Si te ha dado bienes en abundancia, sabe que es para que hagas partícipes de ellos a los pobres, que son tus hermanos. Acuérdate que este Padre está en el cielo y que no es aquí en la tierra donde quiere darte su herencia. En tus aflicciones reconoce la mano de tu Padre. Que castigue Dios cuanto quiera, Él es nuestro Padre; si nos aflige y nos abate, es todavía nuestro Padre (San Agustín).



La caridad.

Orad por acrecentamiento de la caridad.

Etiquetado:  Meditaciones

Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.