El mundo tiene un juicio contra el Evangelio.


I. Considera que el mundo es ciego, es insensato en el juicio que hace de los bienes y de los males de esta vida. Si se consulta su espíritu y si nos hemos de dejar guiar de sus luces, será preciso decir que todos los Santos se engañaron; que el Evangelio y que el mismo Jesucristo carecieron de luz y de discernimiento, habiendo errado en todos los principios. Horrorízase el corazón solo con oír estas blasfemias.


II. Se debe mirar la vida presente y la vida futura como dos diferentes regiones, en que el hombre ha  de entrar sucesivamente; un puñado de días, un humo se desvanece, un sueño que luego se acaba, esa es la  medida de esta vida. La eternidad, es una duración interminable, esa es la medida de la otra. 


III. Hácese el mundo más digno de compasión, por lo mismo que se lisonjea en sus propios errores y desaciertos. Ah! y cuánta verdad es lo que dice el Apóstol (I Cor. 1), que para los hijos de perdición  todo lo que suena  a cruz  es necedad  y locura; mas  para los escogidos  esta divina  palabra  lleva la fuerza de Dios.

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