El pecado es un cáncer en el alma.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. El pecador está ciego: no ve ni las recompensas del paraíso ni las penas del infierno, ni la belleza de la virtud ni la fealdad del vicio; no considera sino el falso brillo de las riquezas, los encantos falaces de los placeres y el vano aparato de la gloria mundana. Pecador, abre por fin tus ojos; considera que esos tesoros te abandonaran a tu muerte, que esos placeres y esos honores se desvanecerán como un sueño. 


II. El pecador está enfermo. El desorden de los humores es la causa de las enfermedades del cuerpo; el desorden de las pasiones es la fuente de las enfermedades del alma; ellas turban nuestra razón y le impiden dirigirse a Dios. ¿De dónde provienen tus pecados? Del desorden de tus pasiones: amas lo que deberías odiar, te horroriza lo que deberías amar. 


III. El pecador no sólo está enfermo, sino que está muerto, puesto que ha perdido la gracia; es más difícil convertir a un pecador que resucitar a un muerto. Hagamos todo lo que podamos para salir del pecado y pidamos a Dios que tenga piedad de nosotros.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Etiquetado:  Meditaciones

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