El trabajo es agradable a Dios.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. El trabajo es  agradable a Dios, útil a los demás y a provechoso para uno mismo. Quien trabaja, decían los Padres del desierto, no tiene para combatir sino al demonio de la ociosidad; el que está ocioso, es tentado por todos los otros demonios, porque la ociosidad es la madre de todos los vicios.



II. Procura ofrecer a Dios tu trabajo al despertar y antes de cada trabajo [material y espiritual] que realices durante el día. Tus penalidades, incomprensiones y sufrimientos, ofrécelos    a Dios Nuestro Señor, unidos a los trabajos que realizo Nuestro Señor Jesucristo.



III. Tu principal trabajo es la salvación eterna de tu alma, a lo cuyo fin deben dirigirse todas tus obras materiales y espirituales, particularmente el rezo atento y despacio del Santo Rosario de la bienaventurada Siempre Virgen María.


Dios te bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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