La peste, la guerra y el hambre son los tres flagelos de Dios.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. La peste, la guerra y el hambre son los tres flagelos de que Dios acostumbra servirse para castigar a los hombres y recordarles sus deberes. Si Dios te envía estos azotes o alguna otra aflicción, di lo que decía San Lupo al rey Atila, azote de Dios: “Sed bienvenido, os deseábamos”. Nos dejamos corromper por la prosperidad, y Dios, para corregirnos, nos envía adversidades.


II. Dios golpea al que ama: a menudo lo visita mediante las enfermedades, las humillaciones y los reveses de fortuna, a fin de desasirlo de las creaturas. Lo prueba con el fuego de la tribulación, como al oro en el crisol. Él conmuta los rigurosos suplicios del purgatorio con aflicciones. Después de esto, oh Dios mío, ¿me quejaré yo de los sufrimientos que Vos me enviáis?


III. Los malvados, suelen gozar de toda clase de prosperidades. Las riquezas, los placeres y los honores por todas partes los rodean por lo regular. No os asombreis de esto, tienen su paraíso en este mundo. Dios, que es justo y que nada deja sin recompensa, les da bienes en esta vida para recompensarlos por algunas buenas acciones que han realizado. 


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Etiquetado:  Meditaciones

Comentario: Deja comentario

* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.