No te confíes de tu salvación eterna.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. Hermano católico, no te confíes de tu salvación eterna, muchas almas se han condenado por presunción, creyendo que se han de salvar porque Dios es muy bueno, no se convierta en una tentación, pues Dios Nuestro Señor en su infinita sabiduría pide un sincero arrepentimiento, humildad y hacer lo que está de nuestra parte.

"Dijo Jesús a ciertos hombres que presumían de justos y despreciaban a los demás esta parábola: Dos hombres subieron al templo para orar, uno fariseo y otro publicano. El fariseo, en pie, oraba en su interior de esta manera: “¡Dios, gracias te doy, porque yo no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana; pago los diezmos de cuanto poseo!” El publicano, al contrario, puesto allá lejos, ni se atrevía a levantar los ojos al cielo; sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Dios mío, ten misericordia de mí, que soy un pecador!” Os digo que éste volvió justificado a su casa, mas no el otro; porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado." Evangelio de San Lucas, XVIII, 19.

 

II. No cometer el error de creerse muy bueno, o santo, que en ello puede haber muchísima soberbia y engaño del demonio. Escribió Tertuliano: 'Fundas tu esperanza en la bondad de Dios: pero, porque Dios es bueno, ¿habrás tú de ser malvado y habrás de pecar tantas veces cuantas Él te perdona?'.


III. Trabaja, pues, en tu salvación con temor. San Pedro y Magdalena lloraron sus faltas todo el resto de su vida, aunque ya estaban seguros de haber obtenido el perdón de ellas. Procura rezar el santo Rosario con pureza de intención, consagrarte a la Santísima Virgen María y perseverar en la santa virtud de la humildad. 


Dios te bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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