Para vivir santamente el día de hoy.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



I. Para ser santo, no es menester poseer ni un gran espíritu ni una larga experiencia; tampoco es preciso sufrir las fatigas que temes. En un momento, si quieres, puedes ser amigo de Dios. Tu vida es demasiado corta para que llegues a ser un gran filósofo; pero es suficientemente larga como para llegar a ser un gran santo. Si ya el mundo tuvo la primera parte, que la última al menos esté consagrada al Señor. Respeta tu vejez, reconoce a Dios al término de tu existencia, y que el fin de tu vida sea el comienzo de tu salvación (San Clemente de Alejandría).



II. No te dejes detener por el cúmulo de dificultades que se presentarán a tu imaginación; piensa en hacer bien la acción que has comenzado. Para vivir santamente, hay que emplear bien el tiempo presente, y hacer sin demora lo que Dios quiere que hagas. A cada día le basta su malicia; no pienses en el mañana; vive como si hubieras de morir hoy.



III. Pero, ¿qué dirán si cambio de vida? ¿Qué dirá Jesucristo si temes más las palabras de los hombres que sus amenazas? ¿Qué dirán los santos de verte temer una burla, más que lo que ellos temieron los suplicios? ¿Qué dirás tú, en el día del juicio, si eres condenado por haber temido exponerte? Ocúpate de hacer el bien y deja que hablen los impíos. Los que te menosprecian y te hacen burla ahora, te envidiarán y te respetarán durante toda la eternidad.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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