Que nuestro hablar sirva para salvación del alma.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. Nuestras palabras son instrumento de salvación eterna o de condenación; muchos pecados se cometen con las palabras por la falta de cuidado y la mala costumbre de hablar y hablar.


II.- Consejos saludables: Nunca hables de ti sin necesidad, ni para bien ni para mal. Hablar mal de sí es con mucha frecuencia falsa humildad: te censuras a fin de que los demás te alaben. Tampoco publiques tus virtudes; deja a Dios el cuidado de manifestarlas: lo hará cuando lo juzgue necesario para su gloria y para tu bien. 



III. Procura hablar siempre con la verdad, con necesidad y para provecho de Dios Nuestro Señor, de las almas y del bien común. No seas complaciente con el vicio, no alabes las malas acciones. Evita la adulación y la baja complacencia.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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